La paleta de Golubinsky juega con la historia

Espectáculos

En los jardines de la Biblioteca Nacional, Agüero 2502, se encuentra la Galería de La Recoleta, actualmente bajo la curaduría del crítico de arte Fermín Fevre que ha seleccionado a Liliana Golubinsky para su muestra inaugural.

Galardonada con numerosos premios y distinciones nacionales e internacionales, presenta 30 obras entre acrílicos con técnicas mixtas y dibujos en pastel sobre lino. Su imaginería consiste en citaciones de batallas medievales, de ejércitos bonapartistas a caballo, personajes velazquianos en encuentros también bélicos con jinetes inofensivos montados en caballitos de madera sobre ruedas, valientes gestas criollas, escrituras indescifrables, mapas fragmentados surcados por ríos.

Todo aparece frontalmente, pero no convoca a una narrativa lineal; hay que ir a buscar los elementos que se presentan para tratar de armar el itinerario propuesto que la artista construye, como en literatura, a la manera del fluir de la conciencia.

Pero lo importante en esta etapa de
Golubinsky, más allá de su anecdotario identificatorio, se traduce en un dibujo más fluido, en la profundización colorística, en la inclusión de elementos que contribuyen a acentuar el carácter lúdico de su obra. Pero esto no es sólo un juego, ya que sus « Imágenes de la memoria» revelan su batalla personal en el campo artístico de la que sale ganadora.

Pintura que atrae al contemplador por la sensibilidad que trasciende, por el relato que invita a despertar la imaginación, por el carácter gozoso del que está excluida toda trivialidad. (Clausura el 14 de abril.)

Los escultores alemanes
Julia Venske (1971) y Gregor Spänle (1969), que viven y trabajan en Nueva York y Munich, generalmente crean sus formas escultóricas para el lugar donde serán instaladas. Emplean mármol y su objetivo es transformar el frío y duro material en algo vital y orgánico.

Al entrar en la galería principal del Museo Sívori, una estructura cúbica a la que llaman «
Salón», revela un espacio blanco luminoso carente de toda contaminación visual. Las formas redondas del mármol cristalino parecen reflejar su luz interior y las superficies finamente lijadas atrapan la luz de estos mismos cristales.

Al salir, se camina por un campo que los artistas titulan «
Gotas», de carácter minimalista. Separadas de las « Gotas» están las « Garrapatas», casi escondidas en el espacio de la galería que da al jardín y se adhieren a las paredes como parásitos. En una especie de manifiesto, los artistas declaran que la distribución de las «Gotas» parece el resultado de una explosión, y la de las «Garrapatas» llega al punto de ruptura, y la posibilidad de que sus cuerpos exploten promete la formación de más gotas.

En la muestra se incluye un tríptico de fotos impresas en acrílico tomadas en el sur de Filadelfia, cuyas imágenes no ofrecen nada en particular. Es posible que el espacio del Sívori atente contra la percepción de esta idea algo rebuscada, cuya realización quizá pueda provocar cierto efecto en las impolutas salas de las galerías del Chelsea neoyorquino. (Avenida Infanta Isabel 555, El Rosedal.)

La característica de la obra de
Claudio Gallina, señalada en esta columna en 1998, es el espacio escenográfico donde sitúa a sus personajes. A veces caminando, otras estáticos, observándose los unos a los otros, en actitud de reposo, agrupados o pasando raudamente por el escenario. Iluminados por una luz cenital, se intuyen diálogos, tensiones dramáticas y hasta el clímax de alguna situación teatral.

De esta manera, presenta, en obras recientes, a los alumnos de una clase de la escuela primaria con sus blancos delantales, pizarrón de fondo con fórmulas elementales y escritura vacilante. Quizás una sublimación de un período caro al artista, un dejo nostálgico o un deseo de perpetuarlo en la memoria.

Trepados a escaleras, un elemento recurrente en su obra, esos niños aluden al pintor en potencia, ya que la obra de
Gallina es altamente autorreferencial. En esta última producción hay una mayor intensidad en el empaste; ha integrado grises y ocres a su paleta, ha despojado a sus obras de ciertos tics repetitivos y algo efectistas como los cortinados impulsados por el viento para centrarse en la historia que desea contar. (Colección Alvear de Zurbarán. Av. Alvear 1658. Hasta el 22 de abril.)

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