28 de junio 2005 - 00:00
La Pampa centraliza actos por el Día del arquitecto
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Importantes arquitectos enviaron 120 obras con dibujos (arriba,
el «Rulero» de la avenida Del Libertador) para integrar
la primera exhibición de arquitectura en la provincia donde
esta disciplina llegó de la mano de Clorindo Testa en 1956.
El Día del Arquitecto fue instituido a partir de la creación de la Unión Internacional de Arquitectos UIA, fundada el 1 de julio de 1948, en París, durante los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (C.I.A.M.), organizados por el gran maestro de la arquitectura del siglo XX, Le Corbusier. «La arquitectura marcó y mantuvo vigentes en el tiempo todos y cada uno de los acontecimientos históricos de la humanidad. Desde las cuevas socavadas en la piedra hasta las grandes estructuras de hoy, pasando por la creación de cada elemento constructivo que integra una obra, el dintel, el arco, las ojivas, las cúpulas, los estilos, dejando imponentes construcciones...» escribieron los arquitectos Fabio Morales y Claudio García, coorganizadores del evento. Y agregan, «El arquitecto, utilizando primero el dibujo como medio de comunicación y luego erigiendo sus obras, deja al mundo un legado inagotable...».
La arquitectura, además, cumple un papel social activo. Célebre es la distinción del pensador alemán Ferdinand Tönies entre comunidad y sociedad. La comunidad es para él la organización natural del hombre; y la sociedad, es su organización artificial. La comunidad, que es la familia y la aldea, y la sociedad, que es la ciudad, cuentan con sus estructuras sociales, económicas y culturales propias. Cuando Tönies difundió estas ideas, en 1887, las grandes ciudades empezaban a crecer. Berlín, por ejemplo, apenas alcanzaba a 900.000 habitantes, contra 3.800.000 de Londres, 2.000.000 de París, y alrededor de 1.500.000, Nueva York. Pero Tönies, que reelaboró sus definiciones más tarde, iba a morir en 1936, cuando Berlín contaba con 4.200.000 personas. De entonces ahora, el crecimiento poblacional ha sido superacelerado ya que la población aumenta a un promedio de 86 millones por año.
El dictamen de Tönies sigue, pues, siendo válido: la gran ciudad es la expresión desbordante y desmesurada de la forma urbana. Por ello, la arquitectura está llamada más y más a comprometerse activamente en este proceso. Aunque no son sólo los arquitectos, sin duda, quienes deben pensar soluciones en la búsqueda de un mundo mejor, diseñado a escala de la condición humana. Esta idea suena en boca de políticos, economistas, intelectuales, artistas, con sentido diverso: a veces como convocatoria demagógica, pero otras como aspiración honesta. No se trata, sin embargo, de un tema lírico, circunscripto a la ilusión o a la utopía. Es una urgencia, algo que lleva siglos de propuestas.
La arquitectura, entonces, no puede olvidar que sólo a partir de la comprensión de las contradicciones y los choques de nuestro tiempo, hallaremos la salida de este malestar de la cultura (en términos de Freud) que hoy sufrimos. La arquitectura debe, pues, tomar nota de lo no terminado, lo no dicho, lo no querido, lo no previsto, lo no común, lo (aparentemente) no racional, para que su vasto poder actúe a favor de los hombres. Hay quienes piensan que ese mundo mejor no ha de llegar nunca, y quienes creen que es posible hacerlo ya.
Es importante que este eventotenga lugar en la Pampa « espacio sin límites» en quechua, un símbolo del lugar de lo posible y en esta oportunidad, para los arquitectos un espacio propicio para la reflexión. Lo contrario del «no lugar» señalado por el escritor francés Marc Augé.



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