«Turandot», ópera de Puccini. Con C. Makris, M. Thompson, N. Amsellem, E. Schrott, P. Skrt y otros. Esc.: D. Hockney. Regie: E. Bachman. Coro y Orq. del Teatro Argentino. Dir.: S. Lano. (Teatro Argentino de La Plata.) Próximas representaciones: sábado y domingo.
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Pasaron 75 años del estreno en La Scala de Milán, cuando Arturo Toscanini dirigió la partitura hasta el punto en que Giacomo Puccini la abandonó para luchar contra un cáncer de garganta que lo llevó a la muerte el 29 de noviembre de 1924. La obra fue completada por Franco Alfano, respetando anotaciones del compositor.
Desde entonces hasta hoy, una puesta de «Turandot» demanda un gran esfuerzo de producción para conformar un suntuoso espectáculo, voces privilegiadas, una orquesta numerosa y bien preparada. Afortunadamente, para la función inaugural de la temporada de la sala lírica platense se contaron con todos estos elementos.
Para lograrlos, se recurrió a una coproducción de la Opera de San Francisco y la Opera Lírica de Chicago, según puesta en escena de Lotfi Mansourri, un iraní renovador radicado en EE.UU. Repuesta aquí por la talentosa Elizabeth Bachman, el resultado final es un espectáculo deslumbrante, rico en colorido, muy bien vestido y con incuestionable coherencia teatral.
Stefan Lano concertó con pericia, poniendo énfasis en la riqueza melódica de la partitura sin que falten imponentes momentos de potencialidad orquestal. El Coro acusó la sólida preparación de Vittorio Sicuri, nombre que garantiza calidad y refinamiento. La participación del Coro de Niños, dirigido por Oscar Escalada, es delicada pero contundente.
Ya habíamos escuchado antes a la soprano norteamericana Cynthia Makris (en «Macbeth» de Verdi en el Teatro Colón), y a poco que el oído se acostumbra a su timbre incisivo, se descubre una cantante de raza y de imponente rango; satisfizo su protagónico. No tanto el tenor Martín Thompson, con voz baritonal y melódica, se permite licencias discutibles en la línea de canto e hizo un «Nessun dorma» correcto pero no entusiasmante (no fue aplaudido al finalizar el aria más conocida de la ópera).
Una actriz consumada y un dominio de la voz admirable ostenta Norah Amsellem; ofreció una Liú encantadora y sus «filatis» son escalofriantes. El bajo uruguayo Erwin Schrott, como Timur, se ganó la ovación de la noche; es un joven sólidamente preparado, dotado de un rango amplio e intensamente expresivo. Mucho ha progresado desde su Colline -en «La Bohème» del Colón-y ya anda recorriendo el mundo. Sin fisuras el resto del elenco.
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