29 de noviembre 2001 - 00:00

La salida de Sergio Renán agrava la crisis del Colón

Martha Argerich
Martha Argerich
(29/11/2001) Acepto, pero en La Trastienda yo no toco, se le atribuía ayer en broma la frase a la pianista Martha Argerich al conocerse su designación, por parte de Jorge Telerman, como «asesora técnica» del Teatro Colón.
 
Mucho más serio en cambio fue que la salida de
Sergio Renán del Colón se produce en uno de los momentos más críticos para el teatro, cuya conducción está dando signos de volverse inmanejable para la Secretaría de Cultura de la Ciudad. La designación de la célebre Argerich como asesora artística de la sala de Plaza Lavalle fue interpretada, en el medio musical, como un manotazo de ahogado por parte de las autoridades de Cultura.
Argerich es una virtuosa de reconocido prestigio internacional, cuya genialidad corre pareja con su temperamento imprevisible (son famosas sus cancelaciones de conciertos), y que pasa prácticamente la totalidad del año fuera del país. Su nombramiento, que se hará efectivo posiblemente el próximo 15 de diciembre, busca un claro efecto mediático para compensar una gestión atribulada.
 
Las conversaciones entre
Argerich y Jorge Telerman se iniciaron informalmente durante la reciente maratón de música clásica que la pianista llevó adelante en un Colón amenazado por la indisciplina, los desórdenes gremiales y las desinteligencias en la conducción, sobre todo en lo que hace a la política de concursos y la relación con el gremialismo. Sumado a eso, el presupuesto para el presente ejercicio ya se habría agotado, con lo cual se hace inviable pagarle a los contratados. Falta saber ahora cuánto cobrará la pianista por su asesoramiento. Sería conveniente evitar las críticas que recibió Aníbal Ibarra sobre el pago de la contratación de Renán.
 
El nombre de
Argerich y sus amistades internacionales pueden llegar a hacerle soñar a los funcionarios con un Colón donde concurran, como en su casa, los grandes nombres de la escena musical, aunque la realidad pasa por otra vereda menos luminosa.
 
Renán, de nuevo enfermo, hace tiempo que quería abandonar el puesto de director artístico que asumió por tercera vez el año pasado. «No soporto más este estrés» se quejaba con los más íntimos, y decía carecer ya de libertad de movimientos. También de una gestión como la de Telerman que lo sujetó a una austeridad que le impidió programar con nivel internacional. Existía, por caso, la orden política de que no podía haber despidos en la sobredimensionada planta del teatro, mientras reiteradamente se sucedían los reclamos del personal contratado en un panorama donde el sistema de concursos continúa dilatándose.

Reprogramación

En las últimas semanas se debieron reprogramar funciones, levantar otras, y muchos conciertos con formaciones nacionales o internacionales se realizaron con quite de colaboración. Durante la actuación de la Filarmónica de Berlín, por ejemplo, ni siquiera se armó la caja acústica sobre el escenario, y los músicos debieron tocar en el foso.
 
La sucesión de
Renán, como consecuencia de sus escasas fuerzas al frente del teatro y una relación que ya no era la más armoniosa con las autoridades de Cultura, se venía debatiendo desde hace algún tiempo.
 
Uno de los candidatos que se buscó para sucederlo es
Pedro Pablo García Caffi, director del Teatro Argentino de La Plata, quien recibió una llamada en ese sentido hace quince días. El teatro platense, por su parte, sufrió este año una reducción presupuestaria tan estricta que debió sincerar su temporada, y cancelar la mayor parte de las contrataciones extranjeras. Sin embargo García Caffi dijo ayer a la tarde a este diario que «si bien ese ofrecimiento existió, yo tengo un proyecto que quiero llevar adelante para revitalizar al Argentino de La Plata, y que es mi mayor preocupación en estos días».
 
Nadie parece muy dispuesto a aceptar rápidamente la poco tentadora oferta de las autoridades de Cultura para la futura conducción artística del Colón, que formará parte de un consejo integrado también por
Jorge Telerman (un hombre sin experiencia en la administración cultural, que trabajó siempre de vocero de prensa de punteros políticos), por el actual director general Pablo Batalla y por Martha Argerich.
 
Otros candidatos que también fueron tentados son
Santiago Chotsourian, actual director nacional de música y ex director de «Radio Clásica» (quien también está atravesando una etapa difícil por la situación de la Orquesta Sinfónica Nacional), y la puestista Ana D'Anna (esposa del ministro de Defensa Horacio Jaunarena), que está actualmente al frente de la agrupación de ópera Juventus Lyrica. Sin embargo, la incertidumbre llegó al punto de que también se pensó en concursar ese cargo.

Así las cosas, en el Teatro Colón no sólo no se efectuaron las obras de infraestructura que estaban previstas para fines de este año (razón por la cual la temporada lírica oficial fue más breve, para perjuicio de los abonados), sino que la temporada del año próximo tendrá un perfil obviamente más bajo en lo que se refiere a la participación de los grandes nombres del exterior (está prevista una actuación de José Van Dam entre los pocos «divos» internacionales).

En líneas generales, se respetaría la temporada diseñada por el saliente Renán (entre cuyos primeros títulos se cuentan «La condenación de Fausto», de Hector Berlioz, «La fanciulla del West», de Giacomo Puccini, «Diálogo de Carmelitas» de Francis Poulenc, «Parsifal» de Richard Wagner y la reposición de «La viuda alegre» de Franz Léhar), aunque los nombres de los elencos podrían experimentar más de un cambio.

De todas maneras, aún es muy precipitado aventurar un futuro más o menos posible sobre el destino de la sala en el 2002, donde por efecto indirecto, esta vez sí, podrían tener más posibilidades los artistas nacionales y el ballet, cuya presencia (como vienen denunciando repetidamente figuras de la talla de Julio Bocca, Maximiliano Guerra e Iñaki Urlezaga) venía esfumándose de su escenario.

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