18 de septiembre 2002 - 00:00

La trilogía que Kieslowski dejó trunca se hace realidad

Tom Tykwer
Tom Tykwer
S i, como decía Pasolini, a veces es mejor soñar una película que filmarla, el polaco Krzysztof Kieslowski le legó a la historia del cine, además de su obra visible, otros grandes films en forma de proyectos inconclusos. Su prematura muerte en 1996 impidió que llevara a la pantalla la segunda de las trilogías que se proponía realizar después de la monumental «Trois couleurs: Bleu, Blanc, Rouge».

Kieslowski
la soñó, si era posible, mucho más explícitamente católica que el resto de su obra, incluyendo su impar «Decálogo» (los Diez Mandamientos en forma de relatos contemporáneos que rodó para la televisión polaca).

El nuevo tríptico se llamaría «Cielo», «Purgatorio» e «Infierno» y, como siempre, su coguionista sería Krzysztof Piesiewicz, un abogado de convicciones no menos religiosas y numerológicas. Al morir Kieslowski estaba terminado el guión de «Cielo» y sólo bosquejados los de las partes restantes. Su muerte también echó por tierra otra futura trilogía, «Fe», «Esperanza» y «Amor». Kieslowski, en uno de los capítulos del «Decálogo», ya había anticipado su propio fin con la historia de uno de sus personajes secundarios, que muere en el quirófano en el curso de una operación cardíaca solamente preventiva.

Ahora, como si el cine mundial recién hubiera terminado de asumir su ausencia, los titulares de los derechos de su futura producción se propusieron llevar a la pantalla, al menos, la primera trilogía. Gesto de respeto o declaración de imposibilidad: su realización se le confiará a tres directores diferentes, como para que ninguno de ellos personalice el papel de dignatario exclusivo.

El alemán Tom Tykwer fue el primero. Protagonizada por la australiana Cate Blanchett y el norteamericano Giovanni Ribisi, mañana se estrenará la primera parte de la nueva trilogía, «Heaven» (que aquí lleva el título de «En el cielo»). La elección no fue azarosa: la obra de Tykwer tiene matices ciertamente «kieslowskianos», aunque desafortunadamente el público argentino sólo pudo ver la más famosa de sus películas (y la menos representativa de este estilo), «Corre Lola corre».

Desde Londres, telefónicamente, Tykwer dice a este diario: «El cine de Kieslowski siempre representó para mí una obsesión visual, musical, sensitiva. Lo considero uno de los mayores cineastas de las últimas décadas. No creo haber sido influido directamente por él, pero es cierto que algunas de mis películas algo pueden deberle. Jamás imaginé que un día me iba a encontrar con un proyecto así entre mis manos».

Periodista: ¿Cómo reaccionó cuando le ofrecieron la dirección de 'En el cielo'»?


Tom Tykwer:
Con terror. Apenas supe de qué se trataba dije que no. Me asusté. Pero después, recompuse en mi mente la situación: la responsabilidad es enorme, el libro fascinante y la propuesta halagadora. Ahora bien: reclamé hacerlo a mi propia manera, asimilando esa historia [el film cuenta la vida de una mujer que se propone liquidar con una bomba a un dealer de la droga pero termina matando accidentalmente a cuatro inocentes, luego es juzgada por terrorista y un policía, que se pone de su lado, huye con ella] a mi propia forma de narrar cine.

P.: Es decir, evitar el riesgo de la imitación.


T.T.:
Exacto. No quería, de ningún modo, evocar el fantasma de Kieslowski, desvelarme noches enteras imaginando cómo lo hubiera hecho él. Sólo acepté, entonces, cuando se me aseguró libertad total para trabajar el guión. Un homenaje a este gran artista consiste en una película personal y no en una sustitución de su identidad, algo que por otro lado jamás resultaría.

P.: ¿Modificó el guión?

T.T.:
No en lo sustancial, pero hubo cambios. En ello trabajé con Anthony Minghella, el director de «El paciente inglés», que también tiene una gran responsabilidad en esta película.

P.: En «Blue», que habla de la libertad, Juliette Binoche se libera de los lazos con el mundo, se desprende de lo «real» tras la muerte accidental de su familia en un accidente de auto. En «En el cielo» parece ocurrir lo contrario: el accidente con la bomba esclaviza a Cate Blanchett a la culpa. ¿Este film es su opuesto?


T.T.:
No lo pensé en ese sentido, pero podría ser. Para mí, el dilema del personaje de Catte es cómo continuar viviendo tras ese accidente terrible que la divide en dos: el ser humano que continúa existiendo, y que ya no sabe cómo hacerlo, y la persona que fue y que nunca más será. Desde luego, la culpa es el detonante, una culpa capaz de convertirla en otro ser.

P.: Casualmente, y otra vez al igual que en «Blue», en sus tres películas anteriores («Wintersleepers», «Corre Lola corre» y «La princesa y el guerrero») hay accidentes de autos que desvían la vida de un personaje. ¿Por qué está tan presente este tema en su obra?


T.T.:
Cotidianamente estamos al borde de la muerte. El accidente en las calles, en las rutas, cuyas estadísticas son tan altas en el mundo, es una de las formas más habituales. Mi cine quiere transmitir al espectador la idea de la finitud de una manera concreta, palpable, cercana. Las sociedades del confort se proponen lo contrario: le venden un auto veloz, sofisticado, que lo hará sentir invulnerable al volante, aunque muchas veces sea el vehículo de su propia destrucción. Que se entienda bien: no tengo nada contra los autos, simplemente quiero llamar la atención sobre esa falsa sensación de inmortalidad que proporciona el confort.

P.: El cuestionamiento del bienestar es una de las estrategias de la religión. Kieslowski lo era. ¿También es usted un hombre religioso?


T.T.:
No en el sentido practicante. Respeto a todas las religiones y no sé cuál está más cerca de la verdad. Si es que alguna lo está. Es verdad que en el guión de «En el cielo» hay un fondo religioso, pero para mí el amor humano, la fe, pueden ser tan profundas y purificadoras como cualquier sentimiento de trascendencia.

P.: Hasta en la música de la película hay un acento eclesiástico. Usted eligió musicalizar el film con «Alina», de Arvo Pärt, un compositor contemporáneo de música religiosa.


T. T.:
Amo la música de Pärt. Ya en «Wintersleepers» había usado un fragmento de «Fratres». Pero en cuanto a lo religioso respondería lo mismo que antes. Esta es una música de una claridad y una sensibilidad únicas.

P.: La música, justamente, siempre tuvo una importancia central en el cine de Kieslowski, y fue obra de un solo compositor, Zbigniew Preisner. Seguramente también Presnier habría compuesto la música de 'En el cielo' si Kieslowski la hubiese podido filmar. ¿No se lo pensó en convocar?


T.T.:
Soy admirador de Preisner como creo que también lo son todos los amantes del cine de Kieslowski. Pero vuelvo a lo del principio: esta es una película mía, y a partir de sus imágenes consideré que la música que más se adecuaba era la de Pärt. Ni siquiera compuse yo música adicional, como generalmente lo hago en mis películas.

P.: Una pregunta final, no relacionada con esta película. En «Wintersleepers», que no tuvo amplia difusión mundial, su protagonista sufre «pérdida de memoria del corto plazo». El año pasado se hizo famosa «Memento», de Christopher Nolan, en donde al personaje le pasaba lo mismo. ¿No lo sintió como un plagio?


T.T.:
Bueno... en fin, las películas no están construidas del mismo modo, pero en un sentido... y bien, sí.

Dejá tu comentario

Te puede interesar