“Este libro es un sacrilegio”. Eso es lo que consideró Bernard Lecomte, biógrafo de Juan Pablo II, consagrado historiador del Vaticano, y para que no hubiera dudas agregó que “siglos atrás esta señora Amélie Nothomb hubiera sido condenada a la hoguera”. No fue el único que atacó “semejante blasfemia hecha libro”. Y todo porque la escritora belga (otra gran olvidada de la Academia Sueca) se había atrevido a contar desde una visión y un lenguaje actual el juicio y ejecución de Jesús. Un Jesús que, al haber sido encarnado elige ser humano, ya que lo es. Es un Jesús que ama con amor intenso y pleno a María Magdalena, a la que llama con un sobrenombre como llaman a su amada los amantes, y al resucitar es la primera persona a la que busca para abrazarla y descubrir que “nada altera nuestro fervor”. Es, a su vez, el diferente amor a su madre y a los padecimientos por el hijo que tuvo, aceptando que realmente él era quién era. Es el encuentro con sus seguidores y las discusiones con Judas. Es Jesús demudado ante los testimonios de las personas a las que ayudó con milagros y ahora lo tratan de egoísta, mago y farsante. Es la contrariedad de Poncio Pilatos con esos testigos “que lo irritaban en lo que a él le quedaba de ser racional”. Un Jesús que elogia al pasar a Proust y cita a Valery. Un Jesús al que le pesa llevar la cruz y padece en la crucifixión, y que vuelve a reflexionar desde la resurrección sobre el ser, el tiempo, la existencia, el deseo, el amor.
La última tentación de Nothomb
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Amélie Nothomb, nacida en una familia ultracatólica, confiesa que cuando su padre le contó a los tres años la historia de Cristo, ella convirtió a Jesús en su héroe. Un héroe mítico que la acompañaba y del que quería contar a otros su historia. Tardó porque cada vez que, ya escritora, sentía que le quedaba grande, hasta que se dijo ahora o nunca. Sintió que las últimas palabras de Cristo en la cruz, “tengo sed”, era saberse humano en el instante final de la transformación, declaraba desde lo humano la fe como fundamento sagrado. Novela controversial. Polémica para algunos cristianos. Que estará junto a las de Kazantzakis y Saramago. Que podrían llenar de nuevas imágenes a Pasolini o Scorsese, reflexionar a la gran Simone Weil y hasta, quizás, a alguien renovar su fe y elegir su conversión como lo hizo, entre otros, Antonio Gramsci en sus últimos días.
M. S.
=Amélie Nothomb, “Sed” (Barcelona, Anagrama, 2022, 123 págs.)



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