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Ahora la historia sigue. Ya por mérito propio, el hombre ha pasado a ser nada menos que cabeza de la familia, y de la empresa. Es el tipo serio del grupo. Pero todos los parientes mienten, de un modo u otro, desde el carilindo mujeriego hasta el tonto que quiere hacerse pasar por ganador ante una chica. Y el mismo protagonista, buscando disimular ante la esposa sus problemas económicos. Problemas que vienen porque -ampliando el círculo- un gran supermercado le mintió a la pequeña empresa, dejándola llena de vencimientos (un detalle, el subtítulo original, luego eliminado, era Informate más
¿Podrá la simple pyme demostrar la estafa de la poderosa organización? ¿Serán confiables los abogados y los peritos de Tribunales? ¿Conservará el tonto a su enamorada, cuando ésta lo descubra? ¿No caerá antes en el enredo tipo gallito ciego que le tiende otro comerciante del barrio? ¿Y si en una de esas el más infeliz termina proveyendo la solución? Estas módicas inquietudes nos mantienen amablemente interesados, mientras vemos a nuestros personajes desplegar su simpatía ante clientes, paseantes, y bonitas mujeres. Realmente, muy bonitas. La verdad, sin ser gran cosa, se pasa el rato agradablemente.
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