24 de septiembre 2002 - 00:00

"La verdadera tragedia es seguir siendo famoso y no tener dinero"

Dennis Hopper
Dennis Hopper
San Sebastián - La prohibición de fumar se expande por el mundo, y los españoles la toman humorísticamente. Por ejemplo, en medio de una gran exposición de fotos historiando los 50 años del festival donostiarra, aparece una enorme caja blanca, con agujeros para ver lo que hay adentro, como si fuera algo pornográfico. Y lo que hay adentro, que sólo los mayores pueden ver, son fotos de gente fumando, desde Orson Welles y Sam Fuller hasta Pedro Almodóvar, en ese exacto orden.

Ayer, en este Festival, la estrella fue Dennis Hopper, de 66 años, que recibió el Gran Premio Especial a la trayectoria. Hopper se encuentra abocado en estos momentos a un nuevo proyecto: encarnar en el cine nada menos que a Frank Sinatra. «Cuando mi padre volvió de la Segunda Guerra Mundial yo tenía 9 años, y nos fuimos a Kansas City. A los 13 empecé a actuar. Mi primer contrato firmado fue a los 18, con la Warner. Después me metí en bastantes líos por querer imitar el estilo de James Dean. Me dieron una patada, y a otra cosa», dijo a los periodistas.

«Así fui alternando mi carrera», continuó. «A los 31 hice 'Busco mi destino', la primera película independiente que un gran estudio haya tomado para su distribución. Pero después no me distribuyeron ninguna otra, me costó mucho seguir dirigiendo. Además ya era alcohólico, y a eso agregué la cocaína. Pero ni siquiera pienso que mi vida haya sido una tragedia. Cuando llegué a Hollywood en los '50, 98% de las estrellas llegaba a la fama en apenas tres años... y tres años después no tenían cómo pagar la mesa del restaurante. De repente tenemos dinero y podemos comer tantas hamburguesas como podamos, y no sabemos manejar nuestra vida, y debemos rodearnos de ayudantes y abogados que tampoco la manejan bien. Pero el verdadero problema es cuando uno ya no tiene dinero pero sigue siendo famoso. O, a veces, es el comienzo de la solución. A los 41 volví a estar sobrio. Ahora, a los 66, me dan un premio a la trayectoria. Ninguna de mis películas me parece genial. Pero estuve en algunas buenas».

Sobre el final, dijo: «En 'Duelo de gigantes' era todavía el más chico, la víctima de todas las bromas. Por ejemplo, me metían serpientes en la cama. Fue divertido. En 'Gigante', Liz Taylor y Rock Hudson eran mis padres. No fue Liz quien convenció a James Dean para que deje de correr mientras durara el rodaje. Fue el director, George Stevens, quien hizo un trato con James: si él no corría, el director le ayudaría a conseguir un crédito para comprar un auto (porque James Dean lo máximo que llegó a ganar en su vida fueron 700 dólares semanales). Ya sabemos el final, muy irónico».

•Descubrimientos

Una joyita oculta del mercado es un documental japonés sobre los viejos pobladores de una aldea a 180 kilómetros de Chernobyl, que desafiaron la orden de mudarse. Todo alrededor, y aun más allá, todavia huele a muerte, pero ellos mostraron que el agua de su pozo estaba milagrosamente limpia, y ahí siguen. Crían animales, cosechan y venden manzanas, bailan y cantan, mientras los expertos se rascan la cabeza.

Otro que hizo la suya también aparece en el mercado: «Luis Buñuel en Hollywood», atractiva investigación sobre una época poco conocida del célebre manchego, culminando con el homenaje que le rindieron los grandes maestros norteamericanos ( Cukor, Hitchcock,Wilder, Wyler, etc.), y una confesión de Woody Allen. Para la famosa escena de «Annie Hall», en que el protagonista gana una discusión sobre Marshall MacLuhan haciendo aparecer en cámara al propio MacLuhan, a quien Allen quería poner realmente era a don Luis Buñuel. «Pero me dijo que tenía otros compromisos, un modo amable de hacerme entender que no le interesaba». Es que Buñuel siempre aborreció eso de andar explicando sus películas.

En otro orden de cosas, en la competencia oficial empezó a tallar
«Te amaré para siempre», comedia dramática del Dogma, de una señora Susanne Bier, muy amante de las vueltas de tuerca: justo cuando una mujer decide vivir el resto de su vida con su amado, otra mujer lo atropella y lo deja parapléjico, pero resulta que el marido de esta mujer es médico, etc.

Le sigue una rusa,
«El amante», del joven Valeri Todorovsky, sobre un hombre que al enviudar descubre que su amada tenía otro tipo, lo busca, y advierte que el otro también se siente traicionado (Valeri es hijo de Piotr, que hoy nadie recuerda, pero en sus tiempos supo incluso ganarse un Oscar al mejor film extranjero).

Floja, en cambio, la española
«Los lunes al sol», sobre obreros cincuentones que hoy pasan el día desocupados, relato que intentó seguir el modelo Ken Loach, pero se quedó en estiradas melancolías de relativa gracia. Sí gustó al público local fue sólo por simpatía con el tema y con el protagonista, Javier Bardem.

Una coincidencia: hace dos años, Javier se lucía en una película de
Julian Schnabel, y entregaba un premio a John Malkovich. Ahora se luce en «Pasos de baile», la primera película de Malkovich, y Schnabel reaparece, para entregar algún premio. En cuanto a sesiones paralelas, impactó una maratón de películas Coppola en el velódromo, vienen arrasando los dos films «Diez minutos más viejo-El cello», y «Diez minutos más viejo-La trompeta» (serie de ingeniosos cortos de Kaurismaki, Erice, Menzel, Wenders, Bertolucci, Schlondorff, Szabó y otros), y las últimas comedias de Mike Leigh y Otar Iosselani, cada uno en su estilo. Y están sumando puntos para el premio Made in Spanish de 18.000 euros la colombiana «Bolívar soy yo» (indiscutible ganadora en Mar del Plata), y el policial de Adrian Caetano «Un oso rojo», que ya tiene fecha de estreno en Buenos Aires y Madrid.

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