29 de octubre 2003 - 00:00
"La violencia, propia del amor, no es nada cursi"
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Manuel Vicent
Vicent, que narró pasiones en sus novelas «Tranvía a la Malvarrosa» (que José Luis García Sánchez pasó al cine), «Son de Mar» (llevada al cine por Bigas Luna) y «La novia de Matisse», relata ahora una pasión otoñal para mostrar que un fluido único, el torrente amoroso, busca manifestarse a través de «cuerpos sucesivos». Dialogamos con él.
Periodista: ¿Escribir una novela sobre el amor tiene el desafío de no caer en lo cursi, lo sentimental o lo pornográfico?
Manuel Vicent: El amor esta lleno de poetas naufrados, como el mar que esta lleno de malos poetas, hay infinitamente más poetas naufragados en el mar que marineros o pescadores. El amor es otro mar donde se naufraga apenas se baja la guardia. No me planteé «Cuerpos sucesivos» como novela de amor, que siempre tiene una connotación romántica, cursi, de literatura mala. El amor es un sentimiento pleno de misterios, terrores y egoísmos. Por el amor se sufre y hasta se mata (algo que no sucede en la amistad), y eso no es nada cursi. La carencia es principio del amor, nada se ama si se posee del todo. Siempre tiene que haber una zona oscura que lleva a amar, a la pasión, a los celos, a la inseguridad y, por tanto,a la violencia que busca la posesión de lo que no se tiene.
M.V.: Partí del hecho de que una mujer puede crear a un personaje vivo, no a un amante, si lo llama desde el fondo del placer, que es como invocarlo desde el fondo de la muerte. Es en mi ésta una idea reiterativa, en «Son de mar» la amante lo llama desde la orilla, desde un punto de vista amoroso, y el naufrago vuelve; en este acaso el naufrago vuelve desde dentro de sí mismo, transformándose. Luego que esa idea se me impuso y empecé a escribir, tomé los versos de Cernuda.
P.: David, un hombre mayor que se enamora de un mujer más joven, sabiendo que compite con un hombre más jóven y fuerte, ¿busca seducirla haciéndole una especie de hot line?
M.V.: Muestra sus armas. La pura voz de un hombre experimentado que pueda tejer sutilezas en el oído de una mujer. No es una «línea caliente», ahí está planteado todo: la fuerza de la palabra, la oscuridad; nada corporal, todo mental. Si bien hay violencia no fue mi idea mostrar el sado masoquismo, sino que hay dos formas de llegar al alma femenina. Y, en la conquista femenina, lo que más ayuda es la experiencia de los fracasos.
P.: ¿Cómo surge el tema de la investigación y conferencia sobre la hija de Federico García Lorca?
M.V.: Yo había empezado a escribir una novela, que abandoné, sobre una hija cubana de García Lorca que vuelve a España. Esa idea me sirvió para darle en «Cuerpos sucesivos» un trabajo a mi personaje, un profesor de literatura, y como un tic irónico.
P.: ¿Esa intriga es la bisagra de las secuencias sentimentales?
M.V.: Esta es una novela pop, articulada como, por ejemplo, en un cuadro de Lichtenstein o Rauchenberg, hay enseres cotidianos emulsionados por un lenguaje estético, diversidades unificadas por una plástica. Hay una serie de historias de amor, que acaso no tienen que ver una con otra, que se superponen, pero están emulsionadas por una derrota, una carencia, una decadencia.
M.V.: Y fue una forma de evitar caer en los riesgos de lo pornográfico o en trampas al lector para que siga leyendo. La poesía sumerge al relato y lo hace más misterioso, espiritual. Es como cuando aparece el fluido de la música de Schubert, a través de la violonchelista, que es la pura melancolía. Anuda a la futura amante con ese hombre que se siente derrotado. La música es una encrucijada de los sentidos a través del oído. Esos elementos buscan sumergir la historia para que no sea sólo la historia de una serie de amores de un señor, de fracasos, de triángulos, una historia como otra cualquiera. Eso al estar batido por la música y la poesía alcanza otra densidad.
P.: ¿Cómo llega a un estilo que parece buscar hacer desaparecer al relator?
M.V.: Estoy obsesionado por escribir claro, y que esa claridad, en el mejor de lo casos, sea profunda. Todo lo que haga sufrir es añadirle un dolor al lector, que no se lo merece. Creo que lo más intrincado de la filosofía se pude decir con claridad, eso todos los grandes lo han logrado.
P.: ¿Buscó que su novela fuera leída con un ritmo cinematográfico?
M.V.: Si «Cuerpos sucesivos» se lee rápidamente, me han dicho que es de lectura fácil, pude quedar como una historia banal, medio erótica; me gustaría que tuviera una segunda lectura donde se descubriera que hay más. No se si lo conseguí. «Madame Bovary» se puede ver como una historia muy leve, un triángulo, algo de todos los días, hasta que se descubre su densidad.
M.V.: Si, pero breves. Mínimas reflexiones como para completar ciertas ideas. «Cuerpos sucesivos» no es una novela posmoderna ni al estilo de la novela burguesa del siglo XIX, que como estaba naciendo junto a todos los avances y experimentos los autores tenían que saber de todo y hablar de medicina, de arquitectura o de lo que fuera. Ni es, menos, una de esas del siglo pasado que tenían que andar imponiendo un mensaje.
P.: ¿El protagonista es ese hombre que la amante se inventa?
M.V.: No se sabe, pero no es importante porque uno es lo que la gente cree que uno es.A uno lo fabrica la mirada, el deseo, de los demás, de los otros; en esta caso a David lo fabrica el deseo de la amante. Freud dijo que un coito es cosa de cuatro, imagínese cuantas fantasías hay en una pasión. Siempre se mitifica lo que no se tiene.



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