"Las aventuras del niño tiburón y la niña de fuego" es una mezcla estridente de literatura y cine para niños ya conocidos, cuyo atractivo reside en verlo todo en tridimensión.
«Las aventuras del niño tiburón y la niña de fuego en 3D» (EE.UU., 2004, dobl. al español). Dir.: R. Rodríguez. Guión: R. y R. Rodríguez. Int.: C. Boyd, T. Lautner, T. Dooley, G. López, D. Arquette, K. Davis.
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En síntesis, podría decirse que éste es un pasatiempo pensado para chicos de 8 a 14 años, con abundancia de efectos especiales, incluyendo tridimensión, y viajes por lugares rarísimos, todo a partir de un niño demasiado fantasioso, cuyos amigos imaginarios resultan superhéroes capaces de venir a buscarlo a la escuela para que los ayude a salvar el mundo (otro mundo, cabe aclararlo). Cine para niños, es cierto, en cuya realización hay todo un modelo de familia.
Se entiende entonces que si el relato de estas aventuras de un niño criado por tiburones (algo así como el cuento de Tarzán pasado por agua) y una niña volcánica (de ahí viene su poder) suena francamente infantil, es porque lo inventó un niño, Racer Rodríguez, de siete años, a quien probablemente más de una vez le leyeron versiones de Michael Ende accesibles a su edad, junto a otros autores valiosos y quién sabe cuántos otros relatos accesorios, entre ellos muchos con ambiente interplanetario y mecánica de videojuego cuya influencia también se advierte.
Y el padre, Robert Rodríguez, precisamente el autor de los «Miniespías», le siguió la corriente y convirtió todo eso en un juego cinematográfico. Don Robert hizo el guión, encabezó fotografía, música y edición, y dirigió, Racer aparece como el niño tiburón a los siete años, y para que no esté celoso su hermanito de cinco también hace de niñito tiburón. Del resto se ocupó una suma de talentos notable. Cosas que puede hacer un padre con plata.
Ahora, cuando el chico vuelva del cine y quiera contar lo que vio, más de un padre le dirá «Pero si ya viste ese cuento. ¿No es «La historia sin fin», con otros personajes en vez del enorme perro volador?». Y sí, es una mezcla de «La historia sin fin», «Willie Wonka en la fábrica de chocolates», «Tarzán de los monos» pasado por agua, y «Miniespías 3-D», pero todo más desatado, más inasible e indefendible, más acelerado, estridente, y con mucho más que otras películas para ver con anteojitos. La gente siempre recuerda con una sonrisa de asombro esa linda experiencia de ver cualquier cosa en tridimensión, como ocurre en este caso. Y el argumento pasa a segundo plano.
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