23 de noviembre 2001 - 00:00
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Gwyneth Paltrow en el centro de la polémica
Ya lo hicieron Eddie Murphy y Julia Roberts, entre otros, pero ahora el caso más resonante es el de la estilizada Gwyneth Paltrow en la película «Shallow Hal», donde debe interpretar el papel de una mujer de 150 kilos. La primera pregunta que surge ante el fenómeno parece obligada: ¿por qué no contratar a una actriz auténticamente gorda?
El estreno de «Shallow Hal» produjo, a diferencia de casos anteriores, las primeras reacciones negativas en buena parte del público norteamericano. La película, dirigida por los hermanos Farrelli, es una comedia romántica que cuenta la historia de un hombre medio tonto que es incapaz de ver el físico de esa mujer, y sólo percibe su « belleza interior». Así, en las escenas donde el hombre la imagina (que son las que ocupan la mayor parte de la película), Paltrow aparece tal como es en la vida real, mientras que en las otras escenas luce su pesado maquillaje que la muestra con 150 kilos.
Una mujer de San Diego, presumiblemente obesa, escribió al correo de un diario que se sintió humillada cuando escuchaba las carcajadas a su alrededor en el cine: «¿Cómo reaccionaría nuestra sociedad», se preguntó «si, en vez de una gorda, el personaje fuera de un negro, o un homosexual, a quienes hay que tratar de ver en «su belleza interior»?
El caso de «Shallow Hal», sin embargo, no es el único en el cine y la TV reciente. Además de la citada Julia Roberts, que también usó un «traje de gorda» en «La pareja del año», la actriz de «Friends» Courtney Cox también empleó el mismo artilugio para los «flash back» de un capítulo. Entre los hombres, además de Murphy en «El profesor chiflado», aparecieron también como gordos Martin Lawrence en «Mi abuela es un peligro» y Mike Myers en «Austin Powers».
Desde luego, el sacrificio que padeció veinte años atrás Robert De Niro, cuando engordo más de 30 kilos para «El toro salvaje», es cosa del pasado. Hubo excepciones, por supuesto, como la de Renée Zellwegger en «El diario de Bridget Jones», film para el que la actriz engordó unos cuantos kilos (que bajó rápidamente para el fin del rodaje), pero esa es una modalidad que no sólo los médicos desaconsejan sino que hoy, con las posibilidades que brindan los expertos en maquillaje o en digitalización de imágenes, parece innecesaria.
Las declaraciones de algunas estrellas tampoco contribuyeron demasiado a aquietar los ánimos: Julia Roberts, en el programa de Oprah Winfrey, contó que los maquilladores le sugirieron que durmiera una siesta durante las largas y tediosas sesiones de maquillaje, y que ella dijo ante la invitación: «De ninguna manera, si llegara a hacer eso y al despertarme me viera con 40 kilos demás, perdería el sueño para siempre».
Aunque ninguna de estas películas ridiculiza deliberadamente la obesidad, los ejecutivos de los estudios no pueden manejar las reacciones del público. Paltrow, en declaraciones a la prensa, contó lo siguiente: « Era increíble» dijo cuando se refería a un paseo que dio con su «traje de gorda» por el lobby de un hotel en Nueva York, para acostumbrarse a usarlo. « La gente trata de no mirarte. Te evita. Reaccionan de la misma manera que como cuando uno advierte una persona a la que le falta una pier-na o un brazo y trata de no mirarlo, para que esa persona no sienta que lo miramos por su anormalidad». Y agregó: «Ahora entiendo lo que significa ser gorda».
El caso de «Shallow Hal» fue debatido en varios programas de televisión, en donde un médico oriental especialista en obesidad, Lih-Mei Liao, puntalizó un interesante aspecto del problema, contradictorio con la reacción de la lectora de San Diego: «los gordos no son políticos. Por lo general, aceptan silenciosamente las mofas y la denigración que se suele hacer de ellos. Son los primeros en compartir esa idea».
Gwyneth Paltrow fue quien batió los récords de peso en el cine. «Nunca antes una mujer fue tan engordada por un traje de relleno», dijo en Los Angeles Times el experto en efectos especiales Tony Gardner. Antes de que comenzara el rodaje, los diseñadores trabajaron tres meses para crear la nueva piel, que al final sólo pesaba unos 11 kilos.
El procedimiento para convertirse en Rosemary tardaba cada vez unas dos horas. Su rostro fue inflado con silicona de modo de que se veía gorda, pero aún reconocible. «Era una sensación muy claustrofóbica», contó.
«El uso de actrices esqueléticas con trajes de gordas es la nueva forma, aceptable al parecer, de volver a los tiempos en los que los actores se pintaban la cara de negro. Antes no se contrataban actores de color, ahora tampoco tienen suerte los actores gordos, de modo que cuando hay un papel así maquillan a un flaco», dijo la directora Allison Anders, a quien tampoco le agrada demasiado esta tendencia.
« Por mucho que una persona se ponga un traje así, eso no le hace darse cuenta de la realidad», dijo en la TV Debbie Hutzman, quien está al frente de uno de los grupos de «Weight Watchers», dedicados a programas de adelgazamiento en un país en el que la mitad de la población supera su peso ideal. Pero, mientras los personajes han engordado, la industria sigue manteniendo su firme adoración por las delgadas, como comprobó Jennifer Aniston antes de ser famosa.
«Yo no era gorda. Simple-mente era griega, más redondeada, con un trasero y un busto robusto», dice la actriz de «Friends» sobre su físico antes de perder los 15 kilos que le recomendó su agente. Paltrow, en otra nota, recomendó que « todas las actrices lindas deberían de estar forzadas a vivir esta experiencia», una frase a la que Anders ironizó: «claro, siempre que al final del día te puedas quitar los kilos y seas Gwyneth Paltrow, delgada, famosa, en ropas de diseño y con más di-nero gracias a la película».




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