Alejandra Flechner, Verónica Llinás y María José Gabin
(15/01/02) «Monólogos de la vagina» de E. Ensler. Versión: F. Masllorens y F. González del Pino. Dir.: L. Jelín. Int.: V. Llinás, A. Flechner y M.J. Gabin. Ambientación: R. Schussheim. Dis. ilum.: G. Córdova. Banda orig. E. Rudnitzky. (Paseo La Plaza, hasta el 3 de marzo.)
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En su hora, las «Gambas al ajillo» eran capaces de orinar en el escenario, jugar a ser tullidas o sifilíticas, o metamorfosearse en todo tipo de monstruo urbano. El trío integrado por Verónica Llinás, Alejandra Flechner y María José Gabin reinó en el teatro alternativo durante ocho años (de 1986 hasta 1994) sumando a su talento actoral una desprejuiciada manera de entender el humor que todavía hoy resulta inimitable. Contar con este trío para «Monólogos de la vagina» es un lujo que sólo pudo ser posible gracias a la perseverancia y el buen olfato del productor Pablo Kompel, quien luego de varias negativas logró convencer a estas «powerpuff girls» del underground de que el texto de Eve Ensler no les iba a quedar chico.
En la función de estreno, el público que llenaba la sala -en una noche con rumores de cacerolazo-no disimulaba su ansiedad. Cuando las actrices aparecieron en escena las recibió una ovación, luego un silencio expectante y finalmente un tímido: «¿Y?» emitido por un «portavoz» del público. Quienes las vieron antes en acción, se preguntaban si las Gambas se animarían a transgredir el formato original del espectáculo o si respetarían el libreto aún a riesgo de perder identidad como grupo. Y esto fue lo que sucedió: respetaron el formato y el libreto pero agregándoles su propia condimentación, basada en un arsenal de gestos equívocos, ademanes procaces (Llinás rozando sus pezones o lengüeteando en dirección a un piropeador de la platea) y entonaciones paródicas que contribuyeron a enriquecer el sentido de varios textos, además de permitirles a las actrices burlarse de esa por momentos almibarada poética que utiliza la autora para rendir culto a la vagina.
En todo momento se ocuparon de dejar en claro que estaban muy lejos de comulgar con ese texto, demasiado ingenuo para su mentalidad, pero hecho evidentemente a la medida del gran público. Para estas humoristas aguerridas, que alguna vez se atrevieron a salir a escena con un pene gigantesco entre las piernas, no era poco desafío jugar a que «da vergüenza» hablar de las vaginas.
Felizmente, descubrieron la manera de entrar y salir del juego prefijado sin traicionar su estilo, ya sea a través de la burla, el gesto escéptico o mostrando simplemente que esa complicidad de trío que pide la puesta en este caso es auténtica. A esto hay que sumar la extrema receptividad que demostraron ante las reacciones del público (respondiendo a todo sonido o comentario que proviniese de la platea).
Todas dieron muestras de su conocida creatividad en la construcción de cada uno de estos personajes ajenos a su pluma. «La profesional del sexo» que interpreta Llinás o la chica humilde que se inicia en el sexo con una vecina lesbiana -a cargo de María José Gabin-quedaron enriquecidos por la bravura de estas gambas 2002.
Lo mismo sucede con «La inundación», sin duda, el mejor monólogo de la obra. En él se luce Alejandra Flechner como la anciana que recuerda el traumático «accidente» amoroso que puso fin a su apenas iniciada actividad sexual. Flechner, dueña de una voz oscura capaz de alcanzar los más variados matices, hizo crecer a la temerosa anciana con su delirante comicidad. Como era de esperar, recibió una de las mayores ovaciones de la noche.
•Fuera de clima
Después de haber visto el trabajo de tríos anteriores, cabría arriesgar algunas observaciones. Si bien el público parece entrar en sintonía con todos los cuadros del espectáculo, es una lástima que el monólogo final -el de la mujer que presencia el parto de su nuera-resulte tan anticlimático. Su aire melancólico, apoyado en un texto fuertemente sentimentalista, no parece el mejor cierre para un espectáculo que en los tramos previos alcanza una comunión casi festiva con el público. Tampoco acierta la directora Lía Jelín con la marcación de la mujer violada en Kosovo, en este caso a cargo de María José Gabin. Se trata de un texto poético aunque de contenidos muy explícitos que hasta ahora se ha visto limitado a una interpretación sobrecargada de tragedia.
Pero lo cierto es que más allá de estos señalamientos, los «Monólogos de la vagina» mantienen firme su convocatoria de fenómeno extra-teatral. La taquilla responde y el público ríe, se emociona o queda estupefacto, conforme las actrices van desplegando chistes, personajes e información sexual. De más está decir que este nuevo trío de Gambas hará reír incluso a quienes ya hayan visto el show varias veces.
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