«Malena» (íd., Italia-EE.UU., 2000; habl. en italiano). Dir.: G. Tornatore. Int.: M. Bellucci, G. Sulfaro, L. Federico, M. Piana y otros).
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En el elenco hay un Piana y un Federico, pero las penas de esta Malena no son de bandoneón. Muy raro sería que lo fueran en Siracusa, Sicilia, en los años de Mussolini. Eso sí: camina como ninguna, y en cada paso pone el corazón de los prepúberes que la esperan salir de su casa al borde de la convulsión. Pero Malena, también como la otra, pasa con aire triste y ausente, con labios apretados como el rencor, sin advertir los efectos que produce en el volcánico auditorio de admiradores su figura de modelo (en fin, Malena no es otra que Monica Bellucci).
Narrada desde el presente por Renato (Giuseppe Sulfaro), el niño de entonces para quien ella se había transformado en una obsesión en la etapa de su iniciación sexual (sí, Malena también se le hace amarga en la sal del recuerdo), el nuevo film de Giuseppe Tornatore insinúa, sólo al principio, una lejana similitud con aquel inolvidable film de Robert Mulligan «Verano del 42». Pero es sólo una ilusión. «Malena» abunda en los mismos recursos que convirtieron la obra del director de «Cinema Paradiso» en un tapiz de falsa nostalgia y escasa sustancia dramática, a partir de tópicos muy recorridos: el primer deslumbramiento, la incomprensión familiar, la sociedad castigada por la guerra.
Tornatore es un buen fotógrafo de paisajes y ambientes, y así como creó un bello transatlántico de lujo en ese film hueco que fue «Historia de 900», tampoco ahora desaprovecha las bellezas naturales y arquitectónicas de Siracusa ni la posibilidad de recrear el ambiente de la clase media-baja italiana de los '40. Una lástima que la historia que allí transcurre sea tan aguachenta y, por momentos, caprichosa.
Atractivo
A Malena le pasa de todo por culpa de su cuerpo. Los hombres la desean y las mujeres la detestan. Los chicos la eligen como la fantasía favorita de sus soledades. Y ella, aparentemente altiva, pero con la voz que es la flor de una pena, marcha por el terraplén sin advertir lo que ocurre a su alrededor.
Malena tiene demasiados problemas como para detenerse a observar: su marido está en el frente, con escasas posibilidades de regresar con vida; su padre, profesor de latín en la escuela secundaria, es completamente sordo e incapaz de ayudarla en nada. Muy difícil la vida para Malena, que hasta puede terminar lapidada por la jauría de esposas celosas y convertida por Tornatore, que se distrae en varios temas secundarios, en un objeto más de sus bellas escenografías.