7 de julio 2006 - 00:00

Las relaciones neuróticas en expresivo ballet

Mariana Alarcón, Emanuel Ludueña, Inés Armas y Leonardo Haedo son los estupendos oficiantes de «Voraz», coreografía de Carlos Trunsky sobre dos parejas en perpetuo trajinar entre el juego y la violencia.
Mariana Alarcón, Emanuel Ludueña, Inés Armas y Leonardo Haedo son los estupendos oficiantes de «Voraz», coreografía de Carlos Trunsky sobre dos parejas en perpetuo trajinar entre el juego y la violencia.
«Voraz». Cuarteto coreográfico de Carlos Trunsky. Mús.: J. Chikiar. Vest.: M. Albertinazzi. Ilum.: E. Sirlin. Int.: M. Alarcón, I. Armas, L. Haedo y E. Ludueña. (Teatro del Sur.)

Un amplio espacio abierto, despojado, y apenas una sillas permiten el entrecruzamiento de cuatro personajes que se atraen y se repelen con la misma intensidad en esta nueva mirada a las relaciones humanas del coreógrafo Carlos Trunsky.

Este «pas de quattre», que no es precisamente el de «El lago de los cisnes», lleva a los bailarines a expresarse con el cuerpo, un accionar de los dominios de la danza contemporánea, que sólo en aislados momentos recuerda que el autor proviene de la danza clásica, cuando la expansión del baile adquiere mayor sentido plástico.

Lo demás es un concierto de miradas insinuantes, actitudes sobradoras o cómplices. Aparentemente se trata de una velada burguesa en la que el juego primero y la provocación más tarde, provienen de un lúdico cambio de parejas en un clima de neurosis generalizada. Hay alianzas de tres contra uno, ensambles de dos dejando afuera al resto, situaciones violentas que comprometen a los cuatro y una insinuación de swingers que no se resuelve. También se intenta una aproximación sexual ambigua y algo perversa. El juego deriva en violencia, hasta que al cabo de algo más de una hora, todo vuelve a comenzar al parecer infinitamente.

Los códigos que maneja Trunsky, más allá de su reconocida habilidad para el entramado y la estructuración del movimiento, se relacionan con el comportamiento y las actitudes. En este ceremonial de parejas se infiere un mundo traspasado por la competencia, fuertes crisis y, naturalmente, la soledad. El refinado trabajo actoral de los cuatro bailarines hacen el resto.

Espléndidos los cuatro ( Mariela Alarcón y Emanuel Ludueña, Leonardo Haedo e Inés Armas). Es fundamentalmente con ellos que Trunsky escribe su historia, a la que la música de Jorge Chikiar le pone una sonoridad justa.

Música pop, urbana e incidental componen una banda que se integra perfectamente a la danza. Los elementos dramáticos que entran a jugar en esta confrontación humana que es «Voraz» se intensifican con una luz que si bien no es determinante, muestra lo que es imprescindible ver. Sobre todo los gestos de dolor, de asombro, de incertidumbre y de triunfos vanos que se apoderan de los cuatro contendientes en una lucha gratuita por algo que quizás ni ellos sepan qué es.

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