13 de julio 2005 - 00:00

Las sombras del nazismo son constante en teatro

Hugo Urquijo: luego de «El tapadito», reestrenará el monólogodramático de García Márquez «Diatriba de amor paraun hombre sentado».
Hugo Urquijo: luego de «El tapadito», reestrenará el monólogo dramático de García Márquez «Diatriba de amor para un hombre sentado».
Hugo Urquijo dirige la obra «El tapadito» de Patricia Suárez que acaba de estrenarse en el Teatro del Pueblo, y donde al igual que en «Rudolf», exhibida este año en el teatro Cervantes, la autora vuelve al tema de los refugiados nazis en la Argentina desde una perspectiva casi cotidiana.

La acción transcurre en 1954, en el altillo de una costurera de San Fernando (Silvia Baylé) ocupada en confeccionarle un traje de noche a la esposa de un prófugo nazi ( Marcela Ferradás), que planea abandonar a su violento marido e huir a Hamburgo con ayuda de su modista. Interesado en la obra de Suárez (en especial la trilogía «Las polacas»)

Urquijo
ya está trabajando junto a la autora en una nueva pieza: «Vamos a tomar a las histéricas de fin de siglo que trató Freud, pero reelaborando a estos personajes desde un lugar mucho más complejo y misterioso», adelantó el director. Otro de sus proyectos más inmediatos es el reestreno del monólogo dramático «Diatriba de amor para un hombre sentado», que volverá a protagonizar Graciela Dufau, para quien Gabriel García Márquez escribió la obra en 1987, cuyo debut está previsto para el 19 de agosto en Rosario y llegará a Buenos Aires en enero, luego de una gira por el interior del país.

Periodista:
Así que reestrena «Diatriba...», casi 20 años después.

H.U.: García Márquez nos la volvió a ofrecer. Es un texto de una belleza increíble y está muy cerca de nuestro corazón porque durante un mes, en diciembre de 1987, lo fuimos trabajando junto al autor mientras él lo escribía.


P.:
¿Fue difícil trabajar con García Márquez?

H.U.: Al contrario es muy abierto. Recuerdo que siempre estaba dispuesto a cortar cualquier texto con una facilidad increíble. «Cuesta tanto escribirlo -decía- que después no cuesta nada quitarlo». Eso sí, en esta obra pide de todo, como en sus novelas del realismo mágico. Así como en «Cien años de soledad» Remeditos muere elevándose hasta el cielo en una sábana, en «Diatriba...» pide que la protagonista incendie a su marido en la escena final. También pide muchos cambios escenográficos, pero felizmente logramos con Tito Egurza que el escenario se transforme casi a la vista del público sin efectos especiales ni proyecciones de video, todo se hizo de de un modo absolutamente artesanal.


P.:
¿Tuvo que sacrificar alguna escena?

H.U.: Cuando García Márquez estaba escribiendo la obra, me preguntó: «¿Tú crees que puede nevar en todo el escenario?». Y yo le contesté: «En el teatro se puede hacer de todo. Vamos a investigar». Fueron varios meses de prueba hasta que finalmente Osvaldo Trentuno e hijo crearon un sistema muy artesanal con detergente batido. Era una escena muy mágica. Graciela comenzaba diciendo: «Cuando salimos del concierto las calles empezaron a cubrirse de una espuma luminosa y yo tardé en darme cuenta de que nevaba porque era la primera vez que lo veía...» Y en ese momento empezaba a nevar en todo el Teatro Cervantes, el público quedaba embelesado... pero eso ya fue. Va a nevar, pero sólo sobre la protagonista.

P.: ¿Por qué eligió «El tapadito»?

Hugo Urquijo: Yo había visto la trilogía de «Las polacas» y aunque ninguna de esas obras transcurre en la Argentina, todo el tiempo se está aludiendo de manera sesgada a nuestro país. La llamé a Patricia Suárez porque quería conocer más material suyo y la obra que más me interesó fue «El tapadito» que habla de dos mujeres muy solas cuyos destinos están unidos por un mismo hombre. Retrabajamos mucho el encadenamiento narrativo y sobre todo el suspenso,porque esta obra tiene la estructura de un cuento, con un final sorprendente que resignifica todo lo anterior. Recién se descubren las auténticas motivaciones de la modista en la escena final.


P.:
Vale decir, que no se trata sólo de solidaridad entre mujeres.

H.U.: La modista empieza a ayudar a su clienta cuando ve los moretones que ésta tiene en el cuerpo.A medida que aumenta la confianza entre ellas, descubre que la mujer está casada con un jerarca nazi refugiado en la Argentina, que la golpea. La modista promete conseguirle un pasaje a Alemania y nuevos papeles, pero su verdadero plan es llegar hasta el marido de su clienta. «El tapadito» arranca de una manera muy amable, son dos mujeres hablando de cine y de trapos, ambas parecen compartir la misma situación de refugiadas; pero como pasa en los mejores textos de Ibsen, el espectador es cómplice de un personaje sin conocer a fondo sus verdaderos planes.


P.:
Y las cosas terminan mal...

H.U.: Vera es una mujer golpeada, es decir una mujer con una potencialidad para el sometimiento muy grande y ese sometimiento lo va desplegando ante la modista que se le va haciendo cada vez más necesaria. Su dependencia es muy fuerte. Y a su vez la modista también tiene una gran necesidad de ella para llevar a cabo sus planes. Es una de esas relaciones víctimavictimario que van y vienen todo el tiempo. Son de una gran complejidad.


Entrevista de Patricia Espinosa

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