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17 de junio 2026 - 13:05

"Las telefonistas": el teatro vuelve sobre una herida abierta

Martín Ortiz es autor y director de “Las telefonistas” y estrena este viernes en el Centro Cultural de la Cooperación. Con actuaciones de Celeste Gerez, Carla Haffar, Luciana Procaccini y Cristian Sabaz, se trata de una comedia trágica ambientada durante el bombardeo a Plaza de Mayo de 1955.

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Celeste Gerez, Carla Haffar, Luciana Procaccini y Cristian Sabaz en "Las telefonistas". 

“Parafraseando al Indio: del dolor de esta crisis saldrán más obras de teatro. Mi interés es trabajar un teatro con compromiso político, meterse en esos temas que molestan, mal que les pese a tantos que hoy pregonan un arte sin política”, dice Martín Ortiz, autor y director de “Las telefonistas” que se estrena este viernes en el Centro Cultural de la Cooperación.

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Con actuaciones de Celeste Gerez, Carla Haffar, Luciana Procaccini y Cristian Sabaz, es una comedia trágica ambientada durante el bombardeo a Plaza de Mayo de 1955. Mientras la historia se precipita hacia uno de los episodios más dramáticos del país, tres telefonistas de la Casa Rosada atraviesan una jornada marcada por rumores, amores, traiciones y tensiones políticas. Podrá verse los viernes a las 20.30. Conversamos con Ortiz.

Periodista: Con distintos lenguajes teatrales buscás hacer dialogar a nuestro presente con nuestro pasado, ¿cómo es en este caso?

Martín Ortiz: Como decís lo vengo trabajando con distintos lenguajes y, en este caso, la obra deriva en momentos muy distintos y, por lo tanto, hay cierto cambio de lenguaje entre un momento y otro. “Telefonistas” no es otra cosa que una jornada laboral de estas telefonistas, un día más con su rutina de siempre, los típicos vínculos laborales con sus afinidades y sus conflictos, sus diferencias ideológicas, sus virtudes y miserias humanas. Eso sucede en una primera parte y una propuesta de actuación no precisamente grotesca pero afín a ese lenguaje tan argentino y que me interesa mucho trabajar. La cuestión es que ese día no fue un día común, la rutina de lo cotidiano se rompió de manera feroz y salvaje, entonces era inevitable que el lenguaje se transformara en algo distinto, opuesto.

P.: ¿Por qué quisiste situar la historia en el día preciso del bombardeo de la Plaza de Mayo?

M.O.: Es un día atroz en la historia argentina, un atentado terrorista concretado contra el pueblo por las mismas Fuerzas Armadas que deberían defenderlo. Si bien muchos recordamos ese día y lo tenemos presente como bisagra tremenda de nuestra historia, no pasa lo mismo con muchísimos otros. Hay hechos de la historia argentina que los sucesores de los responsables históricos eligen no recordar. Pasa eso con el radicalismo y la matanza de la Patagonia Trágica; hacen un enorme esfuerzo para no decir que en ese momento gobernaba Yrigoyen. Algo de eso sucede también con el peronismo y la Triple AAA con Lopez Rega. Respecto del Bombardeo de la Plaza de Mayo, la extrema derecha argenta, así como reivindica la Dictadura, siempre calla sobre el Bombardeo, quizás con la esperanza de que, cuanto menos se recuerde, más fácil será olvidarlo. En ese sentido, me aparecía con una potencia especial hablar de esa fecha, hacerla presente y revivir su horror en cada presentación.

P.: ¿Cómo son estos personajes que a priori se adivinan adorables, telefonistas de la Casa Rosada?

M.O.: Adorables, aunque no todas del todo adorables. Tres mujeres trabajadoras con distintas historias de vida, distintas posturas ideológicas que las llevan a pelear o intentar aplacar siempre las cosas.

P.: ¿Cómo aparecieron estas criaturas?

M.O.: La imagen original parte de mi madre trabajando como telefonista en un laboratorio en los años ´50 y su historia de amor con mi padre, pero el romanticismo se lleva de los pelos con mi escritura, aunque el amor siempre está presente, aún en esta obra. Como, en este momento, me interesa jugar con lo político y lo histórico, con nuestro pasado y nuestro presente, las imaginé en la Casa Rosada y luego se me fue ajustando el momento al mismísimo día del bombardeo. Me interesó que cada una tuviera un perfil ideológico distinto y una diferente postura ante la vida que alimentara la conflictividad de los vínculos. Grosso modo, Rosa (Carla Haffar) es más “gorila”, de derecha; Margarita (Celeste Gerez) es “peronista”, empoderada, y Mabel (Luciana Procaccini) es aquella persona que procura estar siempre equidistante y evitar conflictos. Todos perfiles de personas que podemos encontrar también hoy. El Cnel Navarro (Cristian Sabaz) es el representante de cierta facción de las FFAA de ese momento y del machismo propio de la época.

P.: ¿Qué paralelismo podés trazar entre las anteriores obras que traen historia argentina, como “Cisneros” y “Museo Beresford”?

M.O.: Las tres son ficciones históricas, por llamarlas de alguna manera. Uso la historia como disparador para generar ficciones que hablen de nuestro pasado y de nuestro presente, que me permitan encontrar o señalar esos lugares comunes entre los momentos históricos. Hay personajes que, a lo largo de nuestra historia, van cambiando de nombres, matizando su pensamiento, pero que podemos reconocer en 1830 (como en Cisneros, Una Tragedia Argentina), que cuestionan los hechos de resistencia más relevantes como las Invasiones Inglesas o la Vuelta de Obligado por habernos “privado” de un dominio más “conveniente” (como en Museo Beresford) o, en el caso de Telefonistas, pensamientos políticos similares con una violencia latente hacia los que piensan de una manera específica y para lo cual hay que dar la batalla necesaria para que no derive a una violencia desatada y concreta.

P.: ¿Cómo es hacer teatro hoy?

M.O.: El Teatro Independiente siempre tiene la problemática de su financiamiento que se profundiza en este momento con un Instituto Nacional del Teatro desmantelado de hecho, reduciendo los apoyos de manera brutal tanto a producciones como salas; o con un Proteatroque, en esta gestión, sigue demorando la apertura de convocatorias y, luego, las definiciones y los pagos. Hay como una vocación por limitar al máximo la producción independiente, sabiendo que en la mayoría de los casos esas producciones no son condescendientes con el poder. Tengo una sala, el Teatro El Crisol, y estos años hemos recibido y seguimos recibiendo muchísimos proyectos para estrenar, cosa que el año pasado no sucedía. Ante las dificultades, ante la crisis, la gente de teatro necesita producir más, crear más, contar más.

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