5 de febrero 2007 - 00:00
Libro sobre Brest recupera el espíritu de la era Di Tella
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Dalila Puzzovio, Charlie Squirru, Delia Cancela, Pablo Mesejean, Edgardo Giménez, Marta
Minujín, Alfredo Arias y Juan Stoppani, el grupo Pop que floreció en los 60 y cuyo espíritu
recupera «Jorge Romero Brest. La cultura como provocación».
La encarnación del «Pop lunfardo» es Minujín, su «vedette emblemática», según Restany, miembro del jurado (junto a Romero Brest y Clement Greenberg) que en 1964 le otorga el premio nacional del Di Tella por «Eróticos en technicolor» y «Revuélquese y viva». Desde entonces, Minujín mantiene firme esa corona.
En la vertiente «lunfarda», y antes de abocarseal teatro, Alfredo Arias diseña íconos de la cultura popular argentina, como doña Petrona C. de Gandulfo. Sin embargo, es preciso destacar que el Pop argentino se caracteriza por su alto grado de sofisticación. De hecho, Cancela y su marido Mesejean, pioneros del diseño de moda, presentan desfiles en el Di Tella y la Galería del Este y realizan vestuarios para Marilú Marini (que aparece en el libro retratada por Lidia Milani). La pareja crea la marca de ropa y accesorios «Pablo y Delia», realiza tapas para «Vogue» y «Harpers Bazar» y trabaja en París para Kenzo e Yves Saint Laurent.
La vocación experimental lleva a los artistas a transitar otras disciplinas. Arias se vuelca al teatro, Cancela y Mesejean a la moda, y Stoppani, con una estética kitsch y en ocasiones delirante (como el turbante azul de 200 metros que hace unos años se vio en una muestra de la Fundación Proa), al vestuario y la escenografía. Con sus radiantes girasoles, Salgado se convierte en la ingenua del grupo, Puzzovio gana fama con sus vestuarios, sus happenings y zapatos con plataformas, y Giménez con sus escenografías para el cine, sus diseños de muebles, arquitecturas y sobre todo, de los carteles publicitarios destinados al público masivo que continúa realizando hasta hoy. «Para que la gente que pasa por la calle, incorpore el buen gusto ' inesperadamente', como decía Romero Brest, a través de los afiches», señala.
Si en algún momento se consideró que entre la vida real y el arte había un abismo, el Pop comienza a cerrarlo. Al romper con el exclusivismo y «humanizar» su mensaje, suscita un creciente interés en amplios sectores de la población. Por placer o curiosidad, el gran público concurre a las exhibiciones de arte. Romero Brest coincide con Arnold Hauser, quien dijo que «las obras de arte son una provocación», y Giménez aclara con humor ese concepto, al agregar: «Algo tiene que pasar con el arte. Si todo queda como antes, si no pasa nada, es que no sirve».
No todos la pasaron bien en esos años, pero el extenso libro que demandó cuatro años de ardua labor y pesa exactamente cuatro kilos, viene a restañar vejas heridas, incorpora artistas como Rubén Santantonín, Pablo Suárez, León Ferrari, Leopoldo Maler, Margarita Paksa, Nicolás García Uriburu, Oscar Bony, Eduardo Costa y entre otros, David Lamelas, que contribuyeron con sus obras a configurar el estilo vital de esa época.
El recorrido de la producción de los artistas Pop comienza en 1962 y llega hasta el año 2004. Se trata de un largo paseo que invita a revisar los criterios sobre el sentido de un arte que a través del humor y la seducción aspira a la comunicación directa con el público, y que, además, brinda la posibilidad de establecer filiaciones con el arte juguetón que en la década del '90 surgió en Argentina. Finalmente, las últimas dos páginas del libro realizado con el estilo directo de los carteles, muestran una foto y unas palabras de Romero Brest en grandes caracteres. «Terminado el Di Tella, como bien se sabe, no pasó nada», parece decir el teórico mientras esboza una leve pero irónica sonrisa.




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