5 de junio 2006 - 00:00

Libros y museos, tema y obsesión de dos artistas

En «Topografías comparadas», Segura recorta los catálogos y las tarjetas de invitación delMuseo Castagnino de Rosario, para erigir a su lado con trazo limpio la planta de la institución.
En «Topografías comparadas», Segura recorta los catálogos y las tarjetas de invitación del Museo Castagnino de Rosario, para erigir a su lado con trazo limpio la planta de la institución.
En su sede de la calle Esmeralda, la Fundación Centro de Estudios Brasileiros presenta en estos días la exposición «Territorios Migratorios» del paulista Fabio Morais y el argentino Cristian Segura. Curada por Karina Granieri, la muestra reúne a dos jóvenes artistas que hasta ayer no se conocían, y subraya las escasas diferencias tanto como de las múltiples afinidades estéticas que existen entre ambos.

Los temas que aborda Morais (el libro como objeto de culto y soporte del conocimiento que se desplaza por el mundo; las dedicatorias como singularidades que los tornan piezas únicas y coleccionables, y los rasgos del manuscrito como paradigma de la subjetividad), difieren de los de Segura (las instituciones como depositarias del patrimonio artístico; la arquitectura de los museos como continente de la producción, y las publicaciones como testimonio de la acción cultural).

Pero a la vez existe una coincidencia esencial: la preocupación por la preservación de los mayores depositarios de la cultura de la humanidad (libros y museos).

Otro punto en común es la obsesión, que se expresa en trabajos minuciosos y alucinados. Morais construye textos de su invención, como «Te colecciono», o de la literatura, como el primer correo de «Cartas a un joven poeta» de Rainer María Rilke, manuscrito que recorta y pega letra por letra, extraídas una a una de las miles de cartas dispersas más o menos antiguas que logró reunir.

En «Topografías comparadas», Segura troquela con meticuloso afán las páginas de un libro de arte editado por el desactivado Banco Velox, creando seductoras formas que lo transforman en una nueva obra, donde no existen ni las imágenes ni los textos. Con idéntica pericia recorta los catálogos y las tarjetas de invitación del Museo Castagnino de Rosario, para erigir a su lado con trazo limpio la planta de la institución. Es decir, ambos fragmentan sus más preciados objetos para reconstruirlos y tornarlos más elocuentes, para destacar su función.

La fragmentación, la fragilidad y el temor a la disolución, están presentes en casi todas las obras de la muestra. Estos signos del espíritu de los tiempos están representados en «Migración», unos evocativos y bellísimos libros de Morais abiertos con las páginas recortadas en forma de alas, como dispuestos para el vuelo, y también en el «Museo de Papel», una precaria maqueta de Segura realizada con catálogos calados, la parodia de la arquitectura de formas glamorosas, de las construcciones para instituciones culturales con sello de autor que se erigieron en estos últimos años, y cuyo contenido suele ser irrelevante.

Entretanto, las diferencias están a la vista. Mientras Morais tiene una visión esperanzada, la mirada de Segura es decididamente crítica. El argentino pertenece a la generación que ante el vacío institucional, pasó a la acción con el fin de procurar lo que nadie le daba. Generación que determinó cambios rotundos en la producción, percepción y circulación de las obras, y hasta en el modo de vida de algunos artistas.

  • Trayectoria

    Segura dirigió y puso en el candelero el Museo de Bellas Artes de Tandil, desde el año 2000 hasta 2002, cuando el cambio de perfil lo tornó codiciado botín y lo despidieron; en 2004 fundó Trip, Centro rodante de experimentación y exhibición de Arte, que participó con éxito de la última feria arteBA. Asumiendo el papel de eficiente galerista, presentó y vendió todo lo que tenía en su stand, y aclaró que por cuestiones éticas no figuraba allí su propia y nutrida producción. «Valijita de ex director», es una obra con fuerte carga subjetiva. Se trata de la planta del Museo de Tandil (que hoy ha vuelto a caer en el olvido), realizada en cartón metalizado y con forma de valija. Toda una metáfora.

    Por su parte, Morais -también desde la subjetividad-, habla de su obsesivo afán por coleccionar ejemplares de libros dedicados para una «biblioteca de ediciones que se han vuelto únicas (...), que cargan en sí otra literatura, absolutamente literal, falsa desde el punto de vista de la literatura y naturalmente verdadera desde el punto de vista de la vida. Pobre en lenguaje y rica en estética, como una película descolorida en super 8, de esas que de tan caseras y documentales, por un misterio, alcanzan el reino de la ficción».

    En suma, como destaca Granieri, «los dos artistas parten del soporte del papel para reflexionar sobre la memoria, el conocimiento, el arte y la construcción de las instituciones». Pero más allá del rigor conceptual de la muestra, ambos se expresan de un modo deliberadamente poético, delicado y sensible, y se advierte en las obras el inmenso placer que provoca el regodeo en la belleza de las formas.
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