17 de agosto 2021 - 00:00

Guillermo Orsi: "Le debía un tributo de novela negra a Buenos Aires"

Consumado cultor del género, ha publicado, entre otros títulos, "El vagón de los locos", "Sueños de perro" y "Nadie ama a un policía".

Orsi. Once años después que en España aparece “Ciudad santa”.

Orsi. Once años después que en España aparece “Ciudad santa”.

Mueve a pensar sobre lo permanente del mundo del crimen la novela “Ciudad santa” (Tusquets) de Guillermo Orsi, radiografía feroz de la metrópolis que parece salida de las noticias diarias. El libro ganó el Premio Hammett hace 11 años y recién ahora se publica en la Argentina. Orsi es uno de los grandes maestros de la novela negra argentina, lleva publicados 9 libros, con traducciones internacionales, y conquistó los premios Emecé 1978 (“El vagón de los locos”), Umbriel 2004 (“Sueños de perro” ), Ciudad de Carmona 2007 (“Nadie ama a un policía”) y finalista Hammett 2014 (“Fantasmas del desierto”). Dialogamos con él.

Periodista: ¿Por qué en España se premian tan seguido novelas negras argentinas?

Guillermo Orsi: Varios argentinos recibieron el Premio Hammett de la Semana Negra de Gijón, que desde hace 33 años organiza Paco Taibo II, premio honorífico que otorga una curiosa Asociación Internacional de Escritores Policíacos. Este año se lo llevó Claudia Piñeiro, antes Sasturain, Piglia, Saccommano, Oyola, Argemi, Diez, y unos cuantos más, entre otros yo con “Ciudad santa”.

P.: Novela que por fin aparece en la Argentina.

G.O.: La publiqué en España en 2009, y se la premió en 2010. Se conseguía aquí la edición española, con precio prohibitivo. Quedó pendiente que se la conociera entre nosotros. Mientras seguí publicando otras novelas.

P.: Su ciudad es la de la corrupción, la prostitución, las drogas y los shows religiosos.

G.O.: Es lo que hay, el mundo oscuro de toda megalópolis. Una cantera inagotable de historias. Yo había publicado cuatro novelas que no estaban situadas en Buenos Aires, solo pasaban por la ciudad en algunos momentos. Le debía un homenaje negro a Buenos Aires. Fue, como suceden estas cosas, trabajo, paciencia y pasión. Cuando uno se pone a escribir una novela hay tramos. Arrancas bárbaro, crees que es la novela del siglo. En la cuarta parte dudás. En la mitad, te dan ganas de tirarla al canasto. Dejas pasar un tiempo, y arrancas de nuevo. Me pasó también con “Ciudad santa”, que disfruté escribiéndola. Tiene algunos personajes extraños. Es un parque de diversiones grotesco. Bueno, nuestro género nacional por excelencia es el grotesco. Para muestra ese grotesco parque temático que replica Jerusalén en Costanera Norte, que usé como escenario. Y que visité después de haber escrito. Cuando estaban traduciendo “Ciudad Santa” en Inglaterra me preguntaron cómo era esa Tierra Santa, y para no pasar un papelón me vine a conocerla en viaje relámpago.

P.: Sus ironías se acaban cuando cuenta de seres feroces, monstruosos.

G.O.: Uno pone en acción los personajes y después los deja desarrollar su propia vida con cierta malsana independencia. Yo no trato de moralizarlos. No me escandalizo si cometen actos aberrantes. A un cana corrupto no puedo buscarle algo amortiguador. Es como es. Al chorro o al asesino lo mismo. Son así por patología, causas sociales o lo que fuere. Y su crueldad no impide que tenga, de pronto, cierta sensibilidad hacia algo o alguien. Uno no tiene un catálogo de gustos y adicciones, y un tipo absolutamente cruel tiene su costado humano. Cuando uno escribe se pone en la piel del personaje, y: o se impregna de él o la historia falla. Cuando se cuenta una historia como la de “Ciudad santa”, con muchos personajes, que ahora llaman coral, el desafío es que no se escape alguno muy lejos, pero alguno siempre se va de las manos.

P.: Desde “El matadero” de Echeverría, pasando por Borges y Arlt, la novela negra atraviesa nuestra literatura. ¿Cuál es su referente?

G.O.: Rubén Tizziani. Gran narrador y gran periodista. Un maestro que comenzó en otro tipo de literatura y se pasó a la novela negra con “Noches sin lunas ni soles” y sentó cátedra. Fue mi amigo. Llegamos a tener el proyecto de fundar una editorial, lo que nos mostró lo complicado del mercado, y lo difícil que es encontrar novelas que unieran interés y calidad. Un día me dije “Si el Negro puede escribir tan bien novelas negras por qué yo no lo intento”. Así salió “Sueños de perro” con la que gané unos mangos en España por el Premio Umbriel. Si me premiaron por esa, ese es el filón, voy a ser rico y famoso; no fue para tanto.

P.: ¿Cuál es el motor que lleva al asesinato: la codicia, el odio, la envidia?

G.O.: Si se quiere escribir sobre los factores de poder que se entrecruzan en el mundo no se necesita la novela negra, la radiografía está en la no ficción, en investigaciones periodísticas, y hay material de sobra. Lo que yo intento con la ficción es entrar por los costados, por los márgenes, por personajes siniestros o no. La literatura en general tiene tres temas básicos: el amor, el poder y la muerte. Al final yo siempre escribo novelas de amor porque siempre hay un romance detrás de tanta sangrienta balacera. Para mí lo determinante es ver por qué un tipo mata. Ver por qué necesita hacerlo resulta inquietante. ¿Qué haría yo en una situación semejante? Uno se mete en eso y se ve salpicado por la violencia, se hunde en esa atrocidad tratando de salir indemne y que lo contado se vuelva material artístico. Se trata de ir moderando para que el texto tenga cierta belleza, aunque sea siniestra. La armonía del conjunto y el trabajo con el lenguaje son esenciales para que no se asista a un decálogo de actos horripilantes sino a un acontecimiento literario.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

G.O.: Volví sobre un personaje sobre el que ya escribí dos novelas. Gotán, un policía que se va de la institución en tiempos de la dictadura para no participar en la orgía de sangre y se dedica a vender sanitarios. Tengo un par de novelas terminadas, pero los editores se resisten a publicarme novelas en otro género.

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