"Kaputt": el regreso a un escritor maldito

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"Kaput" es el informe de un escritor como Malaparte que eligió, al igual que Hemingway, ser corresponsal de guerra y contar en primera persona las miserias de la guerra.

Este es un libro cruel” declara Curzio Malaparte para principiar “Kaputt”, una de sus tres obras maestras (las otras son “La piel” y “Técnica del golpe de Estado”). Malaparte fue un gran escritor, figura central del expresionismo y el neorrealismo italiano, que pagó por sus posturas ideológicas con el desprecio de su innegable talento. En “Kaputt” retrata la guerra como fatalidad, como la decisión de los poderosos de retornar a la barbarie. Lleva a ver cómo la destrucción de lo humano es celebrada en fiestas privadas que mezclan el lujo con la banalidad, mucho antes de que lo marcara Hannah Arendt. Se ocupa de una reunión social donde la esposa del Comisario del Tercer Reich en Polonia se deleita en la apología de Robert Schumann mientras los invitados disparan a judíos que buscan escapar por los muros del gueto de Varsovia. Se permite explicarle a dirigentes nazis que Hitler no es un gran hombre, es medio hombre, y acaso “una mujer un tantito histérica”. Si le perdonan ese chiste es porque Malaparte, en realidad, se llama Kurt Erich Suckert, lo de “Malaparte” es un nombre artístico, una paronomasia de Napoleón, y por más que haya nacido en la Toscana es hijo de un alemán, es un ario. Además es un fascista “de la primera hora”. Pero eso no lo salva. El Duce no lo quiere. Lo manda preso, lo envía al exilio, prohíbe varios de sus libros. Y eso que él ha decidido escribir de modo inapropiado pero con las espaldas cubiertas. Bueno, muchas veces lo salvan. Según su biógrafo Maurizio Serra “necesita estar con los ganadores no para medrar sino para ser testigo de la historia y después reinventarla”.

“Kaput” es el informe de un escritor que eligió, como Hemingway, ser corresponsal de guerra y contar en primera persona las miserias de la guerra. Es la brutal poesía de registrar lo que le ocurre a los que va a perder. Es una novela que se vuelve ensayo cada vez que las circunstancias lo permiten. Es el narcisismo de un dandy -la cineasta Liliana Cavani eligió a Marcello Mastroianni para representarlo en su película “La piel”- que de anuncia los infatuados que tienen momentáneo poder y a los mercaderes que hacen negocios rascando la podredumbre. Como Tolstoi pasa de las batallas, de los ofendidos y humillados, al puterío de los ricos ridículos, de la aristocracia en medio del derrumbe. Kaputt, entre otras cosas, quiere decir “se terminó”; en ese sentido para él la guerra es un punto culminante de la civilización, una pandemia que arrasa con todo. Malaparte enhebra los episodios con saltos atrapantes, lleva por los ojos, hace ver la aniquilación, la soberbia, el genocidio.

Malaparte fue controversial. Tanto como Céline, como Drieu La Rochelle. No tuvo la distancia aristocrática que salva a Jünger. Para colmo hizo el camino inverso al aceptado. Pasó de joven ateo y anarquista a fascista y maestro masón, de colaboracionista liberalfascista a, finalmente, maoista y converso católico. Fue narrador, periodista, editor, militar, agente secreto, diplomático, guionista, dramaturgo, cineasta, poeta y, sobre todo, un camaleón según Gramsci, y un genio según Kundera, un aventurero y un provocador. Mauruzio Serra escribe que “los fascistas lo consideran un traidor, los comunistas un fascista, los católicos desconfían de su conversión final, y los homosexuales le reprochan -a ese mujeriego que le robó la esposa al duelo de la Fiat- que no haya salido del armario. Además de todo eso, sigue siendo misterioso.

=“Kaputt”, de Curzio Malaparte. Trad.: D. Paradela López. Galaxia Gutenberg, 530 págs.

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