Robin Wood fue paladín del comic

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En los kioscos de diarios de la Argentina de los 60 y 70 había un lugar importante para las revistas de historietas adulto-juveniles. “Fantasía”, “El Tony”, “D’Artagnan” o “Intervalo” eran aventuras, a veces melodramas, que se vendían como pan caliente con portadas mostrando a espadachines audaces, cowboys solitarios y musculosos guerreros de antiguos mundos perdidos, como el legendario Nippur De Lagash. En esos tiempos en los que en todo tren, subte o colectivo los pasajeros ojeaban estas revistas con pasión, el rey de la historieta hispanoparlante era un paraguayo de curioso nombre anglosajón, Robin Wood.

Este monstruo de los comics, que conquistó hasta a Umberto Eco, adicto a las ediciones italianas de sus héroes, murió el domingo en Asunción. Tenía 77 años y una vida que lo llevó a mudarse a bosques escandinavos, y a veces a escribir docenas de comics distintos en una misma semana. Era prolífico, pero parte de su éxito era el autocanibalismo, estrategia común en las historietas masivas que hacen que un mismo argumento se repita una y otra vez con unos cambios de nombre. Entre sus héroes había favoritos como Dago, valiente veneciano noble. Pero el favorito de los lectores de Fantasía era Nippur de Lagash, un hombre tan valiente como melancólico por ser inmortal. Con el tiempo, Nippur se hizo tan masivo y tuvo su propia revista, que lo mostraba en posiciones típicas de la fantasía-heroica, bien acompañado por voluptuosas guerreras que, desafiando a la gravedad, sostenían sus generosos bustos con corpiños diminutos. Para un niño que nació en el monte paraguayo, sin agua corriente ni escuela secundaria (llegó hasta quinto grado. pero leía a Faulkner en la jungla a los 10 años) el alcance mundial que logró fue un milagro. Hace años que en la Argentina no se venden sus revistas, que sin embargo siguen exhibiéndose en kioscos de España y otros países.

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