16 de noviembre 2007 - 00:00

Lo más reciente de León Ferrari

No bien se entra a la Galería Ruth Benzacar (Florida 1000), donde hasta el 24 de noviembre se expone obra reciente de León Ferrari ( Buenos Aires, 1920), y antes de examinarla en detalle viene a la mente la pregunta de para qué sirve el arte. Porque desde esa mirada oceánica hacia el conjunto ya se siente una conmoción. En primer lugar por la audacia en el empleo de materiales: delineador textil, la pintura Acrilex, el polieturano que se expande incontrolablemente en colores que van del negro absoluto al rojo, al naranja o al tierra, lo kitsch y la ironía adrede, al combinarlo con flores y lauchas de plástico compradas en negocios de baratijas, tarea en la que Ferrari es un experto.

Miremos ahora en detalle su caligrafía casi ilegible que él mismo describió en 1979: «La línea recorre el papel libre gestora de su destino.

Cuando demoro el trazo con la pluma cargada que ensancha la línea lanzando tentáculos en su avance. Líneas continuas o trazos cortados. Caricias sobre el papel transformado en piel de amada con el cuidado de no lastimarla con la punta de la pluma». Un texto bellísimo y que se aplica a estas caligrafías sobre vidrio en negro, dorado o plateado que el contemplador afanosa e infructuosamente trata de decodificar.

Pero el texto o parte de él está a un lado de los cuadros y como siempre confirma su postura ante la Iglesia citando textos del Nuevo Testamento en los que San Pablo dice: «

Vuestras mujeres callen en las iglesias, porque no les es permitido hablar». O aquel de Fátima cuando en 1917 les hizo ver el Infierno a tres niños con palabras apocalípticas y condenatorias.

Ferrari no dejó de condenar diluvios, los incendios de Sodoma, los descabezamientos de Jericó, el Apocalipsis, los castigos y el infierno, por los que condena el horror de la estéticadel arte religioso occidental. La lectura de esas obras en las que no excluyó al Nazismo y los delitos cometidos en nuestro país durante la dictadura militar permite penetrar en los meandros de la hipocresía y de la violencia.

En cuanto a las «esculturas» en polieturano imaginamos al artista tratando de controlar ese material que se transforma en hongos nucleares o personajes, como por ejemplo, el que está sobre una patineta.

¿Para qué sirve el arte? es la pregunta del principio. Para comprobar que todavía hay artistas como Ferrari con su actitud radical hacia la relación entre estética y ética, involucrado con un pensamiento que también le pertenece: «El arte no será la belleza ni la novedad, el arte será la eficacia y la perturbación» que debería ser tomado como una especie de credo por aquellos que abordan «el arte» como una mercancía y una carrera hacia la fama.
Fama consagratoria internacional que le llega al artista con su reciente «León de Oro» de la 52ª Bienal de Venecia, su presentación en Kassel, en Valencia, el envío a la Bienal de San Pablo y el homenaje que le rindió la Pinacoteca y las futuras exposiciones en Sydney (2008) y en el MOMA (2009).

  • Polémica

    Fama que se desató en la polémica retrospectiva del Centro Cultural Recoleta cuando estuvo en boca de todos, de los que lo censuraron antes de ver su exposición y de los que no la vieron, de los que intentaron destrozar sus obras, de los que lo consideran un artista de culto, de los que ahora descubren a un trascendente artista, un ingeniero que comenzó con los retratos de su esposa Alicia y algunos cuadros de flores y que en 1954 realiza en Roma sus primeras incursiones en cerámica.

    Escrituras, esculturas en alambre, esculturas retorcidas, las cartas a un general, tinta china sobre papel, botellas con alambres, su cambio hacia el arte a raíz de Vietnam, «La Civilización Occidental y Cristiana» realizada en 1965, considerada internacionalmente como un ícono y que desató en su momento tremendas polémicas al querer exponerla en el Di Tella.

    El resto, vastísimo, contestatario, comprometido, leal a sus convicciones es historia, pero historia viva de un artista capaz de despertarnos y de sorprendernos en sus juveniles y honorables 87 años.

    Actuaron como curadoras de la muestra Liliana Piñeiro y Andrea Giunta, esta última, autora del libro «Retrospectiva - Obras 1954-2004».
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