16 de septiembre 2002 - 00:00

Lolita, el adiós al cine inocente

Lolita Torres
Lolita Torres
Centenares de admiradores y admiradoras despidieron ayer al mediodía, en el Panteón de Actores de la Chacarita, los restos de Lolita Torres, que murió el sábado como consecuencia de su prolongada enfermedad, originada en un edema pulmonar complicado por un cuadro general de artritis reumatoidea. Diego Torres, su hijo, suspendió la gira que estaba realizando en Bogotá, y concurrió acompañado por su novia, la actriz Angie Cepeda.

La vida de Lolita fue casi como una película de Enrique Carreras, donde la protagonista nace en el seno de una familia de artistas, llena de talento y alegría, se esfuerza en probar suerte, alcanza el éxito y el cariño del público gracias a una sucesión de casualidades, sufre sin embargo algunas graves desgracias familiares, logra reponerse, sigue de teatro en teatro, mientras los hijos crecen, se van yendo de la casa, y el tiempo pasa, pero el público sigue siempre fiel.

•Familia

Así fue su vida. Nacida en Avellaneda como Beatriz Mariana Torres, el 26 de marzo de 1931, nieta de una gallega, una navarra, y un pintor aficionado, hija de una mujer cálida y alegre, pero enfermiza, y de un telegrafista de los ferrocarriles ingleses. De chiquita concurrió a una academia barrial de danzas españolas. Contaba ella: «Un día, a los siete u ocho años salí a la vereda y me puse a cantar un pasodoble. Entonces pasó un turco vendiendo artículos de mercería. Se detuvo, se sentó a mi lado, y me pidió varias canciones. Luego, al irse, me regaló un paquete de agujas. Hasta hoy mis familiares dicen que mi primer cachet fueron agujas de tejer».

Su segundo cachet lo recibió a los once años. Quiso dar una prueba de actriz en Radio Splendid, y, como para conformarla, le tomaron una prueba de canto. Justo estaba un actor español, Manolo Perales, que la recomendó al maestro Ramón Sarzoso, del Teatro Avenida. Este, apenas la escuchó, la hizo debutar enseguida en un espectáculo, «Maravillas de España», el 2 de mayo de 1942. A los quince días la estrella de la compañía le serruchó el piso, pero justo la escuchó un empresario del Tronío, y se la llevó, junto a Sarzoso, que sería su arreglador musical durante varios años.

Del Tronío Lolita salió casi enseguida en gira por el Uruguay, Brasil, México y Cuba. Apenas volvió, la escuchó Luis Sandrini y la hizo debutar en «La danza de la fortuna», 1944, donde apareció en un tablao cantando los dos temas de su primer disco: «Te lo juro yo». Ya para entonces era la principal atracción del Tronío, Goyescas, el Avenida y el Teatro Casino, y tenía su propio programa por Radio El Mundo.

Pronto haría una opereta,
«Zazá», y una comedia musical con Juan Carlos Mareco, «Ladroncito de mi alma», escrita por una dupla que también iba a acompañarla durante años, Julio Porter y Abel Santa Cruz. También haría un pase muy comentado a Radio Belgrano y, a lo largo de los '50, una serie de actuaciones protagónicas en películas de Carlos Torres Ríos, Leo Fleider, Enrique Carreras y Julio Saraceni.

En sus películas, Lolita fue sucesivamente una chica que engaña al padre y al novio (
«Ritmo, sal y pimienta»), una típica consentida («El mucamo de la niña»), una andaluza polizona y travestida («La niña de fuego»), alumna imposible («La mejor del colegio»), cantante con un amor frustrado («La edad del amor»), secretaria de un perfumista («Más pobre que una laucha»), niña casadera («Un novio para Laura»), esposa de un bolerista («Amor a primera vista»), empleada de tienda («Novia para dos»), huérfana enganchada con un solterón («La hermosa mentira»), y, entre muchas más, cupletista de comienzos de siglo («Ritmo nuevo, vieja ola»).

De todos sus enamorados en la pantalla, solo uno,
Ricardo Passano, la pudo besar, y eso, según cuentan, porque en el momento del rodaje el productor se llevó al padre de Lolita fuera del set. Los demás - Alfredo Barbieri, Angel Magaña, Alberto Dalbés, Alejandro Rey, Carlos Estrada, Pepe Cibrian, Jorge Barreiro-se quedaron haciendo figuritas.

En 1963 hizo su primera gira por la Unión Soviética, donde sus comedias venían teniendo inesperada repercusión. En total, debió cumplir once giras, a veces dando hasta 27 recitales en 30 días, incluyendo plazas tan lejanas como Siberia, o la inauguración de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980.

Lolita
hizo también varias temporadas España, que en 1972 le envió una condecoración, con curiosas palabras del embajador de turno. «España, que ya posee su garganta y su corazon, se adueña también de su pecho»... De todos modos, esa garganta ya había empezado a incorporar «Beguin the Beguin», «La hermanita perdida», «Zamba de usted», «Ochi chornia», «Venecia sin ti», y otros cuantos temas de lo que ella misma llamaba una buena «cabalgata internacional».

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