13 de abril 2005 - 00:00
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Sergio Renán en plena actividad: estrena obra de Bernard
Shaw como director, y luego vuelve a España para continuar
con la gira de «Querido mentiroso».
Periodista: ¿Qué rasgos de esta obra le interesó destacar?
Sergio Renán:Aquí hay una confrontación moral, una especie de batalla ideológica que tiene por representantes a una madre y a una hija, y el hecho de que quienes confronten tengan ese vínculo le da a la obra gran una potencialidad emotiva que yo me propuse subrayar. Esto no supone que los conceptos en pugna se hayan debilitado, al contrario, se han enriquecido notablemente con este nueva dimensión.
P.: ¿Qué opinión le merece Shaw como dramaturgo?
S.R.: Es un gran autor, no cabe duda, y una de las razones que lo convirtió en un clásico fue su impecable construcción dramática. Pero tanto su combatividad ideológica como el carácter de denuncia de sus obras no tendrían para mí mayor importancia si no estuvieran acompañados de una inteligencia demoledora y por un humor, en ocasiones, fenomenal. Lo que más me apasiona de esta obra es que los personajes defienden su visión del mundo con una intensidad emocional tan poderosa que ésta aparece como un elemento nuevo en relación a la inteligencia y a la elocuencia habituales en Shaw. Prefiero no adelantar más nada, sólo que durante los ensayos he visto gente llorando, incluso a algún hombre.
P.: Es curioso que esté dirigiendo una obra de Shaw luego de haber tomado su lugar en «Querido mentiroso».
S.R.: Es una simpática coincidencia. Haber hecho de George Bernard Shaw en el escenario no me ha dado más claves para entender su obra, aunque de alguna manera me confiere más autoridad ante mis actores. De pronto bromeo con ellos y les doy indicaciones por partida doble -desde mi condición de director y por boca del propio Shaw- y eso convierte a mis puntos de vista en inapelables.
P.: Y pronto va a retomar las funciones de «Querido mentiroso» en España...
S.R.: Si, volvemos a llevarla de gira. Hace dos años la estrenamos en Madrid y el año pasado la hicimos en 20 ciudades distintas. El público español nos recibió con tanto fervor que el hecho de viajar mucho y de estar todo el tiempo en movimiento dejó de ser un problema para convertirse en una experiencia muy placentera. Era trasladarse de una ciudad a otra con la absoluta certeza de que uno sería amado. Es muy difícil de explicar la extraordinaria aceptación que hemos tenido Norma Aleandro y yo durante nuestra gira española. Y en mi caso se sumó la singularidad de haber vuelto a trabajar como actor después de muchísimo tiempo. Para qué negarlo, el reconocimiento que recibo en España es bastante superior al que tengo aquí en la Argentina.Ya estoy comprometido para dirigir en 2006, en Madrid, «Muerte en Venecia», la ópera de Britten.
S:R: En diciembre voy a dirigir «La verbena de la paloma» en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y al igual que en la «Lady Macbeth» de Dimitri Shostakovich voy a incluir la presencia del cine y la televisión.
P.: Se lo nota satisfecho cuando habla de esa puesta...
S.R.: Tuvo un éxito íncreíble en todos los lugares del mundo donde se ha hecho y a mí me resultó particularmente gratificante por la dimensión del proyecto, por compartirlo con Shostakovich y por lo muchísimo que me costó imaginar ese espectáculo. Fue un trabajo de enorme riesgo, quizás una de las mayores experimentaciones que se ha hecho en el mundo de la ópera. Era muy fuerte el efecto que provocaba la presencia de la orquesta en mitad del escenario y la relación que establecí entre la protagonista de la historia y el propio Shostakovich quien funcionaba como un personaje más. La utilización de proyeccionesno es nueva, y quizás pequede inmodesto, pero creo que en la Argentina este recurso comenzó a utilizarse con más frecuencia después de «Lady Macbeth».
P.: Usted es muy afecto a las historias intimistas ¿Qué papel jugó la ópera en su carrera como director?
S.R.: Desde el momento que tuve claro que quería ser director, comencé a imaginarme a mí mismo como un modesto Visconti argentino y las historias con las que fantaseaba debían transcurrir en ambitos muy refinados visualmente, de «placer y lujo» como dice el tango. Digamos que las historias intimistas que he frecuentado en cine y en teatro no son las únicas que me gusta contar. Hasta ahora el espacio para la opulencia lo ocupó la ópera y la película «El sueño de los héroes» con sus escenas de Carnaval.
Entrevista de Patricia Espinosa



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