Bien acompañada por Lautaro Delgado, Patricia Palmer brinda una extraordinaria labor en
«Rudolf», inteligente pieza de Patricia Suárez sobre la relación de un espía del Mossad y
la supuesta ex amante de Adolf Eichmann.
«Rudolf» de P. Suárez. Dir.:Dora Milea. Int.: P. Palmer y L. Delgado. Mús. Orig. y Dis. Sonoro: S. Vainikoff. Dis. Ilum.: S. Comas. Dis. Vest.: B. Carceller Morales. Dis. Esc.: B. Martínez. (Teatro Cervantes.)
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Para crear esta delicada pieza de cámara, Patricia Suárez tomó de base un episodio extraído de la crónica periodística. En él se hacía referencia a los repetidos encuentros entre un joven espía del Mossad y la supuesta ex amante de Adolf Eichmann. El objetivo de este agente era conseguir una foto del desaparecido oficial nazi. Como es sabido, Eichmann vivió refugiado en la Argentina hasta que finalmente el servicio secreto israelí logró capturarlo en 1960. Suárez se sirve de esta anécdota, que remite a la atroz experiencia del Holocausto y a los campos de concentración nazis, con una gran libertad creativa. En primer lugar condensó la siniestra figura de Eichmann -y la de todos los torturadores del mundo- en el personaje de Rudolf, una figura ominosa que sugiere la encarnación del mal y que aquí proyecta una sombra inquietante sobre la vida de los dos protagonistas.
La búsqueda de Félix, el joven sobreviviente del exterminio nazi, termina por enfrentarlo a una antagonista inesperada. La solterona tímida y desgreñada que encuentra en Alemania tiene muy poco que ver con la bella mujer que aparece en una antigua fotografía. Ella niega ser María Massenbacher, la amante del ex jerarca nazi, e insiste en declarar que su nombre es Greta Lisbon, una simple profesora de piano. Suárez ya trabajó sobre el tópico del nazismo en «Valhala», «El sueño de Cecilia» y en otras piezas en las que también dejó de lado toda pretensión historicista. Su acercamiento al tema ofrece una mirada sobre la realidad algo más sesgada y compleja de lo habitual. Los personajes de sus obras han sufrido las secuelas de la guerra, la persecución o la tortura, y todos sus vínculos personales están condicionados por aquellas experiencias traumáticas. Aún así, Suárez ilumina estas historias con apreciables rasgos de humor y de tierna cotidianeidad. Nunca deja de imprimirle cierta poética a la miserable realidad de sus personajes.
En «Rudolf» estos recursos brillan con particular intensidad, entre otras cosas porque la autora introduce una extraña y agridulce historia de amor, en donde la desesperación y el quebranto de Félix se funde al desamparo de Greta. La acción dramática es mínima y se apoya fundamentalmente en la tensión de los diálogos; pero lo que la convierte en un espectáculo altamente recomendable es la extraordinaria labor de Patricia Palmer. Muy bien acompañada por Lautaro Delgado, la actriz despliega una variedad de matices y de recursos dramáticos realmente sorprendentes. Con este trabajo demuestra una gran capacidad de riesgo y talento interpretativo.
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