15 de septiembre 2005 - 00:00

Los males de la TV, tema de un ballet

Imágenes de la coreografía de Bruno Beltrao, innovador coreógrafo brasieño que reparte sus pasiones entre la danza y la filosofía.
Imágenes de la coreografía de Bruno Beltrao, innovador coreógrafo brasieño que reparte sus pasiones entre la danza y la filosofía.
Bruno Beltrao es un joven coreógrafo brasileño que empezó bailando hip hop a los 13 años en las discotecas de Niterói, una localidad cercana a Río de Janeiro. A los 16 estudió con un especialista en el tema -el israelí Yoram Szabo- y de inmediato fundó su propia compañía, Grupo de Rua de Niterói, con la que participó en espectáculos, programas de televisión y festivales competitivos.

A los 20 comenzó a estudiar danza contemporánea y hoy, a los 25, dio por terminada su formación para dedicarse al montaje de sus obras y al estudio de la filosofía. Invitado por el Festival Internacional de Buenos Aires, Beltrao presentará a partir de hoy en el Teatro Sarmiento su espectáculo «Telesquat» (2003) estrenado en Brasil y en distintos festivales de Europa y Asia. «Telesquat» se inicia con un número de danza contemporánea y luego se va transformando en una alocada performance multidisciplinaria en la que intervienen proyecciones, imágenes 3D, efectos sonoros, subtitulados falsos y hasta un narrador que intenta explicarle al público lo que sucede en escena sin poder lograrlo.

Periodista
: ¿Es cierto que «Telesquat» es un transtorno que sufren los adictos a la televisión?

Bruno Beltrao: Yo tomé el término de un libro que analizaba la influencia de la televisión. Ya en la década del '50 se la consideró perniciosa para la salud, al igual que hoy se critica el uso de los celulares. En ese libro descubrí dos términos, uno es «telecrane» que hace referencia al peligro de quedar paralizado o con el cuello duro de tanto ver televisióny el otro «telesquat», que me gustó mucho más, tiene que ver con la distorsión de la percepción. En realidad ninguna de estas afecciones era real, pero se podían tomar en sentido metafórico. A mí me interesó investigar la influencia de la televisión en nuestro conocimiento y en nuestra mirada sobre el mundo.

P.: ¿Cómo definiría a este espectáculo?

B.B.: Es como un juego entre los bailarines y el público construido sobre diferentes niveles de comprensión. Se pasa del orden al caos, del movimiento lento y aburrido, de la danza contemporánea a algo mucho más dinámico y divertido. Los bailarines pueden aparecer bailando en las pantallas (hay seis monitores distribuidos por toda la sala) o en otro lugar. Hay imágenes de animación y sonidos especiales, subtítulos engañosos y un narrador que cuenta lo que pasa. Al público le resulta imposible abarcar toda esta información y cuando se pregunta «¿y ahora qué está pasando?» aparecen esas leyendas estúpidas que en lugar de aclarar crean más confusión. Un bailarín intenta conectar las escenas hablando con un micrófono como los relatores de fútbol; pero aquí no hay mucho que explicar, hay un discurso simbólico que el lenguaje no puede abarcar.


P.:
¿Qué sentido tiene esta celebración del caos?

B.B.: Quise contradecir esta idea de que lo inteligente y artístico tiene que ver con algo lento, lineal y aburrido. El arte puede ser algo más caótico y divertido e incluso carecer de sentido, no tiene por qué ser algo tan estructurado. Por eso en este espectáculo damos explicaciones absurdas sobre lo que sucede en escena, para romper con esos esquemas preconcebidos. Hay una fuerte contradicción entre lo que se ve y lo que se dice en relación a eso. Mostramos algo para luego negarlo y así poner en duda aquello que uno cree estar viendo.

P.:
¿Por qué dejó de bailar?

B.B.: Dejé de bailar hace tres años porque me harté. Cuando entré en la facultad de filosofía no quise bailar más, sólo dirigir la compañía. Yo estudié en la escuela de danza pero no llegué a graduarme porque sólo cursé las disciplinas teóricas, las clases de danza contemporánea y ballet clásico me irritaban.


P.:
Pero estudiar filosofía le resultó provechoso.

B.B.: Sí me sirvió de mucho. No por tener que leer a Nietzsche o a Deleuze sino porque a través de la filosofía pude empezar a entender lo que pasa en el mundo y a tener una mirada crítica sobre lo que estaba haciendo. Al tomar distancia pude reconectarme con el hip hop desde otro lugar. También me ayudó el encuentro con el coreógrafo y performer francés Jerome Bel. Luego de ver su espectáculo «The show must go on» entendí que se podía trabajar con la cultura pop de una manera muy interesante y divertida.


P.:
¿El hip hop es un baile para chicos de la calle?

B.B.: No, ése es un estereotipo. El hip hop no sólo se practica en la calle, también en academias y en el teatro, ahora está en plena transición, pasó de ser un arte callejero y popular a algo más artístico, se adapta a cada situación.


Entrevista de Patricia Espinosa

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