28 de febrero 2003 - 00:00

Los pioneros que el rock local borró de su historia

Los pioneros que el rock local borró de su historia
Los Búhos fueron la prime ra banda beat argentina y latinoamericana. Vendieron miles de discos, aparecieron en los programas de mayor rating de la TV local, hicieron giras por todo el país y el exterior, abrieron las puertas a todos los grupos que vinieron después, y sin embargo, a casi 40 años de su formación, hoy han sido borrados de la cultura popular argentina y de la memoria de sus contemporáneos. Augusto y Juan Merlo -los dos hermanos que conformaron el núcleo central del grupo-hablaron con este diario luego de décadas de no mantener entrevistas, tras ser redescubiertos por el investigador Mario Antonelli, buscando información para su libro «Extraños de Pelo Largo», aún inédito. «Cuando empecé a chequear las fechas de cada banda, en un momento reaccioné y me di cuenta de que Los Búhos fueron la primera banda beat argentina», dice Antonelli, presente en la entrevista. «Los musicólogos suelen obviar el rock & roll de fines de los '50 que hacía Eddie Pequenino, y también han soslayado a Sandro y los de Fuego, por entender que ambos eran personajes ajenos al rock, y sostener que el verdadero movimiento de rock nacional surgió de la influencia beatle. Sin embargo, algún raro prejuicio ha borrado casi por completo de la historia a Los Búhos, a pesar de que no sólo cantaban a cuatro voces -el gran cambio impuesto por los Beatles-sino que fueron los primeros en lucir los flequillos característicos», explica el investigador.

Ahí tercia Augusto Merlo (hoy integrante de varios coros) para contar que «La primera vez que tocamos como Los Búhos, casi nos matan a monedazos. Pero el momento que nunca olvidaremos fue la primera vez que salimos a la calle vestidos como Búhos, en 1964. Teníamos que caminar varias cuadras, desde Radio Libertad en Florida al 300, hasta la zapatería Esse, en Florida y Lavalle, donde nos iban a comprar botas», explica. «Yo era el único que tenía flequillo de verdad, los otros tuvieron que ponerse pelucas, porque aún no les había crecido el pelo. No nos hacía mucha gracia salir así por la calle, pero era algo que había armado el productor Jacko Zeller. Ya en la calle, nos pareció raro ver que nos habían contratado guardaespaldas. A los pocos pasos ya nos habían insultado de todos las maneras posibles. Si bien sabíamos que íbamos a parecer bichos raros, jamás esperamos tal nivel de agresión de la gente. ¡Nos querían linchar!».

• Una historia increíble

Todo empezó a mediados de 1963, cuando un grupo de rock & roll a la mexicana -tipo Jackie y los Ciclones-cambió su nombre original, Los Morgan, por Los Búhos, porque ensayaban de noche para mantener el proyecto en secreto. Pero la historia viene de antes, con revelaciones insospechadas: el beat no nació en Liverpool, sino en 1959 en el barrio porteño de Constitución. «Antes de semiprofesionalizarnos como Los Morgan, tuvimos una primera banda, Los Panter. Sin saberlo, estábamos haciendo música beat en 1959, cuando los Beatles ni existían» rememora Juan Merlo (actualmente dueño de una ferretería en Lomas de Zamora). «Lo que pasa es que por la influencia del bolero, nuestras versiones de temas de Elvis, Buddy Holly, Chuck Berry y Jerry Lee Lewis eran a cuatro voces, el primer factor innovador que luego haría famoso a los Beatles».

Los Panter
obtuvieron su original formación de banda de rock a cuatro voces de un dramático detalle biográfico: una historia de violencia familiar llevó a los hermanos Merlo de un hogar de clase alta a las calles de Buenos Aires, los otros dos miembros -Jorge «Turco» Rodríguez y Jorge «Rango» Tacconi-, eran los amigos que les «hacían el aguante» en las largas noches sin comida, ni un lugar para dormir. Esto en los '50, mucho antes del vagabundeo hippie de los beats criollos.

La historia los puso en el lugar adecuado: viendo venir el boom beatle bastante antes de que estalle en la Argentina, dos astutos hombres del show-business, el productor discográfico Jacko Zeller y el locutor radial Ricardo A. Marín, decidieron inventar a los Beatles argentinos antes que otros productores les ganen de mano. Era difícil encontrar a los candidatos apropiados en la magra escena rockera local, y de pronto un tío de los Merlo les explicó que había cuatro chicos que, si bien care-cían de flequillo, cantaban rock a cuatro voces, lo que en esos tiempos era una rareza.

«En la Argentina de 1963 nadie conocía a los Beatles, y nosotros tampoco»
, cuenta Juan Merlo. «Y de golpe vinieron dos productores, nos dijeron que querían contratarnos para CBS Columbia, y nos internaron todas las noches en un estudio para convertirnos en los Beatles argentinos». Inmediatamente, empezaron los tironeos con los productores: Los Búhos amaban la música que tocaban, querían hacerla lo mejor posible, pero tenían que luchar contra las traducciones surrealistas de Ben Molar, resistirse a grabar composiciones de Zeller que detestaban --y que de hecho nunca grabaron, como «El piropo»- incluir covers que les gustaban especial-mente -como una sutil versión de «El juego de las lágrimas» de Dave Berry o «No temas amar» de Buddy Holly, el cover que se convirtió en el primer hit de los Rolling Stones-y aceptar que no les dejaran hacer más de una toma en cada grabación. Pero, lo que más los frustró durante toda su carrera fue que no les dejaran grabar composiciones propias.

Al mismo tiempo les llovían las actuaciones en TV («Eramos un número fijo de los 'Sábados Circulares' de Mancera, o de los 'Sábados Continuados' de Antonio Carrizo, y luego de 'Escala Musical'- y en vivo, hacían seis o siete apariciones en bailes cada viernes, sábado y domingo. Más allá de que un simple de Los Búhos podía vender unas diez mil placas, su fuerte eran esos shows, basados en una singular relación con el público. «Desde el primer momento nos tuvimos que bancar la agresión de buena parte de la gente», cuenta Juan un poco incómodo. «Las chicas estaban fascinadas con nuestro look, lo que ponía furiosos a sus acompañantes. Según el lugar, esto podía terminar muy mal. Y si esta agresión era común en un show en Buenos Aires, en algunos sitios del interior era terrible. Ojo, había lugares como la ciudad de Santa Fe o Mendoza que nos querían y no había conflictos. Pero lo irónico es que los lugares más hostiles, como Rosario o Córdoba, eran precisamente los que más nos contrataban».

Para colmo, sus productores los mandaban solos a algunas giras por el interior. Los Merlo recuerdan una noche terrible en Puerto Deseado: «Los empresarios locales no se pusieron de acuerdo con la plata, y justo antes de subir al escenario de un salón de baile colmado de gente que había pagado la entrada, cada uno de nosotros con su instrumento colgando, el locutor sube con toda la furia y dice: 'Los Búhos no quieren tocar, porque piden más plata'». Au-gusto recuerda que logró escabullirse por los muelles. Uno se metió en uno de los autos, que fue sacudido con furia y terminó con los vidrios rotos. Juan imitó el tema beatle «Corre por tu vida»: «Me perseguían a tiros, y logré que el dueño de un hotel me abra la puerta y me esconda en un ropero».

• Merchandising

En sus giras por Chile el grupo encontró mejores vibraciones: «Llenamos el estadio más grande varias veces, las revistas nos inventaban romances y hasta nos hicieron actuar en una fotonovela de Los Búhos» (variante de merchandising nada común en la escena pop local).

Luego de grabar dos long plays, varios simples, alcanzar una difusión masiva en radios, medios gráficos y TV, vender cerca de cien mil discos y tener más contratos para giras que casi cualquier otro grupo del momento, resulta difícil entender porqué
Los Búhos desaparecieron. Y, sobre todo, por qué no son recordados por sus contemporáneos.

En 1966, cansados de seguir cumpliendo contratos y giras interminables,
Los Búhos hicieron su mayor apuesta. Cuando final-mente muchos músicos jóvenes se animaban a dejarse el flequillo beat, los cuatro pioneros llamaron a la prensa para anunciar su mayor audacia: «Los Búhos se cortan el pelo» decían los titulares. Pero a pesar de la fama obtenida con ese truco publicitario, ningún productor les dejó grabar sus postergadas composiciones propias. «Ahí dijimos basta, cumplimos todas nuestras obligaciones previas para tocar en vivo sin tomar ninguna nueva, y más de un año más tarde, en 1967 dejamos el negocio de la música» (Augusto).

«Hacia 1970 yo era empleado de la Ferretería Francesa, y un día aparece a comprar algo
Spinetta», dice Juan. «Lo atendió otro empleado, pero quiso hablar conmigo. Me sorprendió diciéndome que era un fan de Los Búhos, que tenía todos nuestros discos, y me empezó a preguntar cómo se nos había ocurrido tocar tal o cual tema de esta u otra manera».

«El año pasado mi hijo de 17 años encontró nuestro segundo LP en una disquería de Constitución. El vendedor lo gastó: '¿Sabés lo que es eso? Eso no tiene precio'», relata
Augusto Merlo, orgulloso del valor que tienen los discos de Los Búhos entre los coleccionistas.

De los cuatro Búhos,
Jorge Tacconi, hoy es miembro de la banda de los bomberos voluntarios de Santos Lugares. El cuarto, Jorge Rodríguez, murió de cáncer, y cuando supo que sólo tenía un mes de vida, convocó la última reunión del grupo en 1996.

Dejá tu comentario

Te puede interesar