20 de agosto 2001 - 00:00
"Los travestis guardan hoy el poder de la seducción"
Desde 1999, año en que hizo su último film "París-Tombuctú", Luis García Berlanga no está ni en Tombuctú, ese final al que uno nunca llega, ni jubilado. En todo caso, "despantallizado", como dice en la larga entrevista de la que aquí reproducimos una síntesis. A los 80 años, el director de films como "Bienvenido, Mister Marshall", "La vaquilla", "El verdugo" o "La escopeta nacional" navega en un caos de proyectos y ocurrencias y provoca: "La mujer ha olvidado la seducción y los travestis se han apropiado de este poder mágico".
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Luis García Berlanga.
«Qué mala eres: estar en Tombuctú es estar muerto civilmente, es la muerte virtual. El que va allí es que no se atreve a pegarse un tiro, entonces huye, pero no llega a ningún sitio.»
«Tienes razón. Estoy añorando. Pero no voy a dirigir más. Aunque en mi cabeza está entrenada sutilmente una idea.
Perdón, pero antes había hablado usted de la felicidad mediterránea del dolce far niente. «Te acuerdas de todo, pero ahora te pondrás de rodillas ante mí porque siempre he dicho que soy la contradicción continuada. No, quiero la sole-dad, pero para crear, porque el día que pierda la curiosidad o las ganas de contar algo...». No termina, ni falta que hace.; ese día: Tombuctú.
Tiene una biografía, o es que así se la escriben por mímesis, de tono marcadamente surrealista. «Hombre, a mí me ha gustado mucho el surrealismo, desde los 14 años, cuando leía como un bestia, pero luego entré en el cine y me analfabeticé. Leo lo peor, cinco periódicos al día, pierdo la mañana. Pero no leo nada más, y ahora que me he despantallizado, que ya no veo pantallas, he empezado a tener un porcentaje de soledad. Oye, pero seguro que aún vamos por la primera pregunta.»
Lo tranquilizo (en su casa lo esperan para comer; ha llegado su hijo de Mallorca): que no se preocupe, que de su biografía ya se sabe casi todo. Que nació en Valencia en el '21 y estudió en los jesuitas y luego en un inter-nado de Suiza, que no guarda buenos recuerdos de sus cole-gios. Que pintó y escribió poesía desde los 14 («yo picoteé en todo»). Que luego entró en Filosofía y Letras.
Salió de la facultad sin acabar la carrera y en cambio se enroló en la 40ª División del Ejército Republicano para apuntarse como voluntario en la División Azul, porque él era ácrata, por reacción a su padre y a su abuelo, muy políticos los dos. A la vuelta no terminó la carrera sino que montó un cineclub y luego, con los dineros de su madre (el padre murió al salir de la cárcel, año '47), se matriculó y licenció como director de cine en la Escuela de Cinematografía de Madrid. Año '50.
¿Superó alguna vez el éxito de «Bienvenido, Mister Marshall»? «Creo que siempre he superado la vanidad. Para mí sólo ha habido un momento de emoción en mi vida, ahora dos, uno es el cóctel de los directores nominados a los Oscar cuando yo estuve allí con 'Plácido', en los '50. Estaban los mejores del mundo y me preguntaron a mí, desgraciado españolito, sobre el rodaje de la película: la habían visto entera; luego, como estaba Bergman, no me lo dieron, pero ya daba igual. Aun así, el éxito de Mister Marshall no me hizo levitar; me ayudó para la carrera, eso sí. El otro momento de emoción es una carta que me envió (la escritora) Josefina Aldecoa por mi última película, y no se la he contestado, no me atrevo a llamarla, de la vergüenza, fíjate (se emociona): nunca han escrito nada igual sobre mí, y menos una mujer, cuando se supone que mis películas son misóginas.»
-Feminista, machista o misógino, ¿dónde se encuentra mejor definido?
-Hombre, misógino, sí, pero muy particular: dentro de la misoginia que puede generar una sociedad judeocristiana. Es decir, ese triángulo de la sociedad española presidido por la madre, y todos bajo su pedestal, eso es lo que no me gusta. En cambio creo que sí hubiera aceptado el orden de una sociedad luterana. Por descontado, la mujer es un ser superior biológicamente, aunque socialmente también lo es: con la lucha femenina habéis conquistado todos los poderes menos el mágico, que no os ha importado (...) La mujer ha olvidado la seducción para conquistar el poder cotidiano. Y en esta guerra civil de la mujer por entrar en el territorio del hombre, son los travestis quienes han guardado el poder mágico de la seducción, el fetichismo, como en la Guerra Civil, los paisanos guardaban la virgen del pueblo».
-La mujer no ha conquistado el poder de los poderes, o sea el poder, el G-8, la globalización. Y es más: no le interesa.
- Porque sigue siendo la número uno, ahí arriba. Ese que dices, el poder político, es el único que no hay que conquistar, e incluso ahí llegará y no sé si lo mejorará. Pero me juego la cabeza que en 70% de las pare-jas es la mujer la que controla. Ese es el poder cotidiano.
En su última película había un poco de esa soledad ansiada que Berlanga proclama como causa, y había también una especie de adiós implícito y un mucho de contenido personal que no suele haber en las películas del valenciano. Decía el director cuando presentaba «París-Tombuctú» que, para un erotómano, la pérdida de la virilidad era algo así como perder la lucidez. «Eso es lo que contaba la película.
¿Yo? Tengo 80 años, así que ya te puedes figurar.Además tengo una isquemia cardíaca y no puedo probar eso que dan ahora para potenciar, en cambio todos esos betabloqueantes que me tomo son capadores.»
Berlanga ha cumplido los 80 y no le gusta nada, no por el tiempo sino porque no soporta las fechas en honor a sí mismo: cumpleaños, onomásticas, felicitaciones: «Que me celebren todos los días o ninguno. Los 80, pues lógicamente estoy más cabreado, pero no tengo temor a decir bye-bye. Cabreo todo: estoy deseando que pasado mañana salga en los diarios: 'Se ha encontrado una fórmula para poder vivir cientos de años'. A muchos les parece un horror eso de que los jóvenes van a llegar a los 150 años, yo no, yo viviría 200, 350.000.Y es precisamente por mi escepticismo: porque sólo estoy enmarcado por la vida y no quiero salir de mi recinto. Los que crean en el paraíso hasta tendrán satisfacción de llegar al lugar prometido.»




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