"Loteo": fantasía y humor bien dosificados

Espectáculos

Recostada en un sofá y al ritmo indolente de su abanico, una mujer sueña una historia de amor en la que el azar es un elemento clave. Los dos personajes que imagina -y que luego irá construyendo a la vista del público- son simples, han quedado solos y andan un poco a la deriva. En realidad, viajan en un mismo micro hacia Madariaga, pero ninguno se percata de la existencia del otro hasta que un accidental cruce de valijas hará que todo empiece a tomar cierto rumbo.

El es un hombre solitario que improvisa sus acciones sobre la marcha (como por ejemplo comprarse un lote donde menos lo esperaba). Ella, una romántica incurable que vuelve a casa de su padre con el corazón roto y los poemas de César Vallejo rondándole en la cabeza. Son vidas que transitan en distintas órbitas y que de pronto quedan a merced de una voluntad superior que decide reunirlas, no sin antes generar una larga serie de coincidencias y de nuevos desencuentros.

El texto de Víctor Winer («Luna de miel en Hiroshima», «Freno de mano») es rico en imágenes sensoriales y apela a la fantasía del espectador. Al fin y al cabo, se trata de una metáfora sobre el amor y como tal recurre a situaciones bastante mágicas y líricas.

En su doble rol de intérprete y narradora, Rita Terranova, se adueña del espacio con su cuerpo y con su voz, sabe cómo valorizar los silencios y hacer que los objetos cobren vida para que los contenidos poéticos de esta pieza no se diluyan en abstracciones. La actriz toma distancia de los personajes y los observa con humor y ternura. Desde ese rol privilegiado que le permite orquestar vidas ajenas, juega a ser hada y demiurgo, lo que también podría interpretarse como un sutil homenaje a Shakespeare; sólo que en lugar de burlarse de «esos tontos mortales», como hacía Puck en «Sueño de una noche de verano», ella les da una muy buena mano.

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