María Bethania dio un único recital, donde
cantó libremente lo que quiso (y decepcionó
a su grabadora, que deseaba que
ella cantara más temas de su último CD).
«Tempo, tempo, tempo, tempo». Actuación de María Bethania (voz). Con J. Alem (guitarra, dirección), J. Castilho (guitarras), J.C. Coutinho (piano), R. Gómes (bajo), M. Mallard (cello), M. Costa (percusión) y Reginaldo Vargas (percusión). Coros: Nir Candia, Jurema Candia y Viviane Godoi. (Teatro Coliseo, 5 de octubre).
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A María Bethania le sobra espalda. Cantante desde su juventud, figura emblemática de la música brasileña, dueña de una voz que sale de su garganta con total naturalidad, a la bahiana le alcanza sin problemas con todo lo que ha hecho en su vida. Pese a eso, su carrera se fue haciendo irregular en nuestro país, donde tiene muchos admiradores. Hacía tiempo que no venía a la Argentina porque sus exigencias contractuales la convierten en una artista complicada para cualquier productor.
Sus discos se reeditan en la Argentina por un sello pequeño que no tiene gran incidencia en el mercado -y sobre todo en las radios-. Y sólo es posible que llegue, como este caso, por la apoyatura de una petrolera brasileña que corre con el costo promocional de hacerla viajar apenas para un concierto.
Con muchos invitados institucionales y con el resto de las entradas vendidas -pese a su alto precio- con mucha anticipación, Bethania volvió a cantar en Buenos Aires en un Coliseo colmado, y la expectativa era evidente desde mucho antes de que sonara la primera nota. El show -de algo más de una hora y media- no depararía grandes sorpresas. Para desagrado de sus disqueros, no puso el acento en sus dos últimos álbumes -«Brasileirinho» de 2003 y «Que falta você me faz» (dedicado a Vinicius) de 2004-. Por supuesto, hubo títulos de esos discos, como «O astronauta», «Gente humilde», «Tarde em Itapoa», «Samba de bençâo», «Você e eu», «Prificar o subaé» o Yáyá massemba», pero fueron pocos en el total. En cambio, y como es habitual en ella, repasó distintos momentos de su carrera y dio mucho espacio a las canciones de Chico Buarque -con «Quem te viu, quem te vê», «Olhos nos olhos», «Terezinha» o «Nao existe pecado».
Entre los más de 40 temas que hizo sonar a lo largo del concierto hubo lugar para autores y temas más o menos conocidos, para piezas internacionalizadas y otras de fuerte color local. Su show tuvo una evidente impronta profesional. Todo estuvo y sucedió en el lugar y en el momento justos: una banda que toca de memoria, una voz que no tiene altibajos, un manejo de escena que muestra la enorme experiencia en las tablas, una puesta sencilla y cuidada. Aunque quizá esté en esa extrema profesionalización y en el vuelo algo rasante que hace sobre muchas canciones -la mayoría se escuchan a medias y/o mezcladas con otras- donde puedan encontrarse los únicos puntos débiles para una artista que, sin mella por el paso del tiempo, sigue siendo una referente para la canción de toda América Latina.
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