1 de febrero 2007 - 00:00
Magnífico policial con Superman vulnerable
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Diane Lane y Ben Affleck como Toni Mannix y George Reeves
en el notable policial «Hollywoodland», basado en la vida
del actor que creó a Superman en la televisión.
Para Reeves, Superman fue más fatal que la kriptonita: cuando se discontinuó la serie tras ocho temporadas, se hundió en la depresión. El 16 de junio de 1959, durante una reunión con amigos en su propia casa, subió inadvertidamente a su habitación y se pegó un tiro. La conmoción nacional fue inmensa.
La impecable «Hollywoodland», dirigida por Allen Coulter (entre cuyos créditos figura la magnífica serie «Los soprano»), parte del irresuelto enigma de la historia oscura del cine: ¿la muerte de Reeves fue suicidio o asesinato? Las evidencias policiales, por negligencia o intereses, fueron insuficientes.
La película, cuyo estilo seco, firme, apoyado en numerosos flashbacks, y sobre todo extremadamente «negro», recuerda el ambiente de «Los Angeles al desnudo», no sólo recrea la atormentada vida de Reeves, sino que establece un contrapunto con el detective privado Louis Simo, pariente literario de Philip Marlowe, que se propone desentrañar ese sospechoso suicidio por razones que exceden a la paga diaria.
Simo arrastra un mal divorcio, una complicada relación con su hijo y el lastre de un cliente paranoico que no deja de asediarlo. En su investigación del caso Reeves se juega, además del prestigio, su pellejo: si se tratara de un asesinato, la maraña de móviles posibles (la mafia hollywoodense, la policial y la de su propio gremio) no es justamente inocua.
Reeves fue el «juguete sexual» de Toni Mannix, la esposa de un encumbrado ejecutivo de la MGM cuya sola presencia hubiera atemorizado a Michael Corleone. No se trata de que el señor Mannix ignorara ese largo affaire de su mujer: sí, en cambio, que la lógica de la perversión suele tener caminos insospechados, sobre todo cuando roza ciertos intereses.
Pero el guión de «Hollywoodland» no concluye en ese esquema sino que va más allá, al punto de llegar a establecer que la muerte del vulnerable Hombre de acero pudo haber tenido otras razones, no sólo propias del escenario mental de un detective angustiado.
Adrian Brody («El pianista»), compone al irreprochable Limo; Bob Hoskins, el temible ejecutivo del cine, es un mafioso perfecto; Diane Lane la estupenda y angustiada Toni, y el siempre inexpresivo Ben Affleck encontró al fin el papel de su vida: el del tremendamente inexpresivo George Reeves.



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