París (ASN)- La onda expansiva de los atentados del 11 setiembre alcanzó también a grandes y pequeños museos franceses, entre ellos el Louvre, el Centro Pompidou y el Versalles, que comenzaron a replantear sus actividades para este año. Si bien el fuerte descenso de sus ingresos se agravó con las recientes huelgas en el sector, especialistas lo atribuyen también a la caída del turismo tras los atentados ocurridos en Nueva York y Washington. Del mismo modo que los museos neoyorquinos tuvieron que ajustarse a la nueva realidad, los franceses están asumiendo pérdidas en la recaudación que, según trascendió, llegaron hasta un 30 por ciento en algunas instituciones y establecimientos vecinos, como bares, restaurantes y comercios. Durante 2001, el Louvre recibió 5,2 millones de visitas, mientras que el año anterior había registrado 6,1 millones, lo que supuso un descenso del 13,9 por ciento, indicaron fuentes del museo.
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Si se tienen en cuenta sólo las entradas efectivamente pagadas, la baja fue mucho mayor y representó 20,41 por ciento menos que en 2000, agregaron las fuentes.
Según «Le Monde», el público del Louvre pagará en parte los costos de la crisis, ya que se cerrarán varias salas algunos días más por semana, como por ejemplo las de Vermeer y Rembrandt, que ya no se podían visitar los lunes y ahora tampoco los sábados. El castillo de Versalles registró en 2001 un 30 por ciento menos de visitantes de los 3,2 millones que viajaron hasta allí en 2000, según su presidente, Hubert Astier. Astier calculó las pérdidas en entradas en 4,6 millones de euros, 0,7 de millón a causa de las huelgas, y 1,2 millón de subvención estatal, que este año por primera vez fue suprimida.
El Centro Pompidou, otra de las instituciones culturales más visitadas de París, ingresó 15,2 millones de euros de entradas frente a los 16,8 millones previstos, y su presidente, Jean-Jacques Aillagon, destacó que la situación es «peligrosa», pues los gastos aumentan más rápido que la subvención de funcionamiento del Estado, de 64 millones de euros. Las sucesivas huelgas, principalmente del personal de vigilancia -que obligaron a numerosos museos a cerrar sus puertas al público durante semanasfueron convocadas por las negociaciones entre sindicatos y patronal por el paso de 39 a 35 horas laborales a la semana.
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