30 de abril 2001 - 00:00

Maria Joao cautivó con su estilo

Maria Joao.
Maria Joao.
Presentación de «Chorinho feliz». Actuación del grupo Mumadgi. Con Maria Joao (voz), Mario Laginha (dirección, piano, composición), Toninho Ferragutti (acordeón) y Helge Norbakken (percusión). (La Trastienda, 26 y 29 de abril).

La música del grupo Mumadgi es una auténtica mezcla de culturas. Tiene del jazz la libertad para tomar caminos diversos; de lo africano un fuerte componente rítmico, que se expresa en la presencia de una percusión compleja y en el modo de manejar la voz de la cantante, más volcado al sonido gutural.

Tiene de lo brasileño varios de sus géneros; el forró como referencia casi constante, las influencias de Egberto Gismonti, los temas de autores de ese país. Pero la misma integración de la banda representa esa multiculturalidad. El pianista y compositor Mario Laginha es portugués de pura cepa, formado claramente en el jazz; con una técnica instrumental deslumbrante marca el pulso armónico y conceptual del grupo.

Su compañera en el liderazgo, Maria Joao, nació también en Portugal, aunque en su sangre se mezcla lo europeo con la herencia de su madre mozambiqueña. A eso suma una voz que maneja a discreción, paseando por los timbres más diversos y por un registro amplísimo, y mezclando lo musical con lo teatral desde los gestos y la dinámica.

Toninho Ferragutti es brasileño y toca el acordeón como tal, haciéndolo «respirar» en sonidos cortos y rápidos como es de uso en el nordeste de su país. Helge Norbakken nació en el norte de Noruega, pero toca los distintos elementos de percusión como si hubiera nacido en el Africa negra. Esa enorme suma de elementos ofrece, por momentos, resultados muy atractivos y, casi siempre, de una enorme fuerza.

Pero, como las piezas son más planteos conceptuales que «temas» al uso conocido, la prolongación en el tiempo de algunos de ellos lleva a veces a cierto tedio. Lo mejor llegó entonces con los títulos más sintéticos -el punto más alto estuvo en el principio, con la brevísima «Em tao pouco escureceu tanto»-, y lo menos interesante, con las muy largas improvisaciones del final del set principal.

Sin embargo, esta no parece haber sido la opinión del público -más escaso que lo que hubiera merecido la propuesta- que se acercó a La Trastienda.
Maria Joao terminó por ponerse a todos en el bolsillo.

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