1 de febrero 2002 - 00:00
Marina Picasso busca saldar viejas deudas
Marina Picasso, nieta de Pablo Picasso y de su primera mujer la bailarina rusa Olga Kokhlova, evoca en un libro sincero y despiadado que acaba de aparecer en España, el poder devastador que su abuelo ejerció sobre ella y su entorno. En este libro y también en el anterior titulado "Les enfants du bout du monde" (inédito en español), Marina Picasso relata cómo luchó para librarse de los traumas de su infancia y adolescencia, evidentemente más pesados que la inmensa fortuna que heredó del artista: 400 cuadros y 7.000 grabados.
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Marina Picasso (centro)
«Nuestro biberón tenía veneno, el de un superhombre que podía permitírselo todo y nos aplastaba.», dice por ejemplo la nieta del genio.
El libro hace reflexionar sobre «las cosas que realmente importan. He pensado miles de veces que ojalá mi abuelo no hubiera sido un genio. ¡Yo soñaba con una familia normal!».
«Un día -recuerda-, cuando yo tenía nueve años, estaba tan esquelética y desnutrida que me llevaron al médico. El doctor se sorprendió de que la nieta de Picasso se hallara en un estado semejante, y le escribió una carta para que me llevaran a un centro. Mi abuelo tardó muchísimo en responder... tenía otros asuntos. ¡Y luego el calvario para que pagara las facturas!».
Marina Picasso -que también retrata con dureza a su madre, obsesionada por el vano sueño de seducir a Picasso-opina que «todo era destructivo. Mi abuelo pagaba grandes banquetes con una firma en la servilleta y se jactaba de comprar casas con 'tres mierdas garabateadas ayer', eso no es muy educativo».
«No nos pintó nunca ni a mí ni a mi hermano Pablo -continúa-y sí a los hijos de otras relaciones. Regaló dibujos a mil amigos, hasta dedicó un plato a su perro... pero a sus nietos, nada.»
«Es verdad que no dudo en emplear algunas palabras fuertes, pero yo sólo cuento las cosas tales como las vivimos. No he pensado nunca sacar ventaja en destruir la imagen de mi abuelo, simplemente he querido dar un testimonio de nuestra realidad familiar y para ello, me he atrevido a tocar al mito. Pero si no hubiese sido un pintor genial lo habrían tratado de asesino y perverso», explicó.




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