Al frente de la Lincoln Center Jazz Orchestra, Wynton
Marsalis tocó esta vez para un público no habituado (el
concierto fue organizado por el Mozarteum Argentino),
que contagió su frialdad a los músicos.
Lincoln Center Jazz Orchestra. Dir: Wynton Marsalis (trompeta). S. Jones, R. Kisor, M. Printup (trompetas), S. Davis (trombón), W. Anderson, T. Nash, W. Blanding, V. Goines, J. Temperley (saxos), A. Goldberg (piano), C. Henríquez (contrabajo) y H. Riley (batería). (Teatro Gran Rex, 14/6; Org.: Mozarteum Argentino.)
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Pese a su juventud (nació en New Orleans en 1961), el trompetista Wynton Marsalis decidió instalarse en la escena del jazz como un artista tradicional. Su carrera pasa tanto por el jazz como por la música clásica; su discografía es muy grande en ambos terrenos, su virtuosismo instrumental no admite la menor discusión y es también importante su obra compositiva.
Desde un principio, su trabajo ha estado encaminado a rescatar el pasado del jazz, lo que lo convierte en un pionero, ya que decidió volver a épocas anteriores cuando el movimiento de los «revivals» no era todavía una moda mundial. Como si el bebop, el free jazz el latin jazz, el jazz-rock y las distintas fusiones posteriores no hubieran sucedido, Marsalis ha preferido siempre hacer pie en los estilos que dieron trascendencia internacional a la música afronorteamericana y circular -aún con las obras compuestas más recientemente- por los años '30, '40 y '50, entre el hot y el swing.
En esa línea, es incuestionable su trabajo al frente de la Lincoln Center Jazz Orchestra, un organismo artísticoeducativo que forma parte de un plan mayor («Jazz at Lincoln Center») que tiene sus propios espacios en radio y televisión, una sala propia en en principal centro musical de Nueva York y un currículum que incluye estreno de obras y presentaciones junto a orquestas sinfónicas de distintos lugares del mundo.
Por cuarta vez llegó a Buenos Aires esta formación, en este caso para actuar en un espacio atípico. Como sucede ya en otros lugares con organismos filantrópicos dedicados al impulso de la música clásica, el Mozarteum Argentino dio cabida esta vez a la música popular. De modo que el público que presenció estos conciertos de Marsalis y su orquesta en el teatro Gran Rex -no pudo ser en el Teatro Colón por los conflictos gremiales que lo jaquearon- no era el que habitualmente hubiera ido a escucharlo. Y ese clima frío, e inclluso algo desconcertado, que llegaba desde la platea y el pullman se trasladó al escenario.
Con un repertorio que pasó por clásicos y autores contemporáneos (Mary Lou Williams, Benny Carter, Terry Jackson, etc.) la orquesta se mantuvo en la línea del swing, con marcaciones rítmicas precisas, sin romper las formas más clásicas: exposición, improvisaciones a cargo de los distintos integrantes y del propio Marsalis y reexposición. Salvo contados momentos, los arreglos se movieron fundamentalmente con el tutti orquestal. Y el swing llegó acompañado del profundo conocimiento de esta música que tienen todos los integrantes del grupo más que por la sorpresa y la novedad en las improvisaciones. En definitiva, un concierto correcto por un artista incuestionable al frente de una banda conocedora de estos repertorios y estos estilos.
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