Tentados por su fuerte dramatismo, los integrantes del grupo El texto se mezcla con bailes y canciones y va desarrollando una historia de amor hecha de encuentros y enfrentamientos, que perdura más allá de todo.
Hay en la puesta hallazgos interesantes como el del hombre regresando de la tumba, la escenografía construida sobre dos bandas negras salpicadas de camisas bañadas en sangre y la belleza de ciertas imágenes, como también las canciones, bien entonadas por los tres integrantes del elenco. Pero, la inserción de melodías porteñas bien reconocibles produce un efecto chocante y parece caprichosa. Lo mismo pasa con la intervención de un tercer personaje cuya presencia es innecesaria y oscurece el significado de la trama, así como los juegos con la guitarra que son innecesarios.
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