24 de abril 2007 - 00:00
Matta-Clark, el creador de la "anarquitectura"
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«Bingo», fragmentos de un edificio, de Gordon Matta-Clark: el hijo de Roberto Matta, fallecido
prematuramente, es homenajeado con una muestra en Nueva York.
«Sus fragmentos de viviendas fueron verdaderos exorcismo del mundo de lo construido y probablemente sus mejores trabajos», escribió Oppenheim, que habló de él en Buenos Aires cuando estuvo en nuestro país, invitado por el CAYC en 2003. En Amberes, perforó con una sierra los pisos de un edificio haciendo agujeros en forma de lágrimas. En París, donde se estaba construyendo el Centro Pompidou, intervino en un par de casas antiguas que iban a ser demolidas y les realizó aberturas cónicas.
«Busco estructuras que tengan características de identidad histórica y cultura. En París, fui afortunado al encontrar justo esa situación. El trabajo se hizo en dos casas del siglo XVII. Eran las últimas de un barrio de edificios demolidos para ' mejorar' el área de Les Halles-Plateau Beauborg», señaló en una entrevista.
En la exhibición se destinaron salas especiales a Conical Intersect, de París; Office Baroque, de Amberes, y Splitting, de Nueva Jersey. « Muchos de mis trabajos que tienen implicaciones arquitectónicas son realmente acerca de la no-arquitectura. Plantean una alternativa a aquello que normalmente es considerado arquitectura: la anarquitectura», agregó.
Se destacan en la muestra sus reflexiones sobre el espacio en las fotografías blanco y negro. Realizó tomas de lugares habitualmente no considerados por la mirada cotidiana: registró espacios entre los pisos de edificios, sobre los techos de un desván, sectores de la tubería de los rociadores contra incendio.
«Abriendo un panorama a lo no visible» fue uno de sus juegos de palabras, que podría considerarse como un posible manifiesto de su postura estética. Manifestó su interés por la nueva tecnología en sus cibacromos brillantes con imágenes a color grandes, vertiginosas y llamativas. Matta-Clark trabajó también con directores de ballet y coreógrafos: la danza tuvo un papel importante en sus primeros videos y films, como en Tree Dance.
Desarrolló la idea del original restaurante Food, manejado por artistas. Una de las cofundadoras, la escritora y bailarina Caroline Yorke Goodden, recordó: «Pensó en un restaurante como una gran escultura y diseñó todo: mesas, mostrador, recipientes, utensilio. Todavía tengo los dibujos».
En una de sus experiencias, la película muda a color, de 1974, documentó breves acciones en lo alto del Edificio Clocktower, en Lower Maniatan. Allí planteó una relación radical entre la cámara y el cuerpo del artista en el entorno urbano. Vestido con un impermeable negro, mallas negras y guantes blancos (como un Chaplin moderno), se cepilla los dientes y se baña con una manguera mientras hace equilibrio sobre los bordes del reloj del edificio donde se recuesta y hace girar casualmente las manecillas.
Por último, una toma abierta de la cámara muestra el panorama desde Broadway en el que Matta-Clark se ha convertido sólo en una mancha en lo alto de ese paisaje urbano. «Conocí a Gordon en el período de su anarquitectura hacia 1971 y luego llegamos a ser amigos muy cercanos durante los últimos cinco años de su vida. Era una de las personas con las que podía hablar. Recuerdo que solíamos hablar acerca del golpe en Chile», recordó Joseph Kosuth, quien estuvo con él en Bélgica cuando realizó Office Baroque (1977) y, al respecto, observó un posible paralelo con las obras e intervenciones de Christo (el reconocido artista de origen búlgaro Christo Javacheff), pero señalando que la diferencia radicaba en que lo de Matta-Clark era siempre una lucha personal.
Matta-Clark había participado en la V y la VI Documenta de Kassel (1972 y 1978). En la X Documenta de 1997, la curadora Corinne Diserens señaló en una conferencia: «La obra de Gordon Matta-Clark introdujo en Estados Unidos y en Europa nuevos modos radicales de explorar subvertir el entorno social y de las propuestas artísticas experimentales. Sus ideas y sus obras han tenido una creciente influencia en las sucesivas generaciones de artistas, arquitectos, estudiantes, y nunca cesaron de activar preguntas aún relevantes sobre las condiciones de vida».




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