27 de febrero 2003 - 00:00

Melodrama excesivo pinta bien la realidad cubana

Melodrama excesivo pinta bien la realidad cubana
«Miel para Oshún» (Cuba-España, 2001, habl. en español.). Dir.: H. Solás. Guión: E. Solás. Int.: J. Perugorría, I. Santos, M. Limonta, S. Garcia, A. Legrá.

Es cierto, Humberto Solás hizo cosas mejores, como, por ejemplo, «Un hombre de éxito». Fácilmente se nota que entre esa obra y la de ahora pasó demasiado tiempo. Pero también se nota -esto es interesante-cómo el veterano director todavía sabe mostrar la realidad de su país bajo los artificios.

«Miel para Oshún»
es un melodrama intensamente cubano sobre el reencuentro de una vieja mulata con su hijo blanco, que el padre se había llevado a Miami 35 años antes. El hijo, ya grande, vino a ajustar cuentas con ella, que prefirió quedarse, y con su pasado. Recorrerá toda la isla, hasta encontrar a ambos. Melodrama, pues, de esos que terminan a toda orquesta y moco tendido, tras haber pasado todos los enredos del caso: pistas perdidas, caminos imposibles, comprobaciones dolorosas, gente buena o alcahueta, policías inoportunos, etcétera. Una prima artista, y un negro, chofer de lo que todavía ande, tratarán de acompañarlo, cada uno también con su calvario a cuestas.

Chocan, desgraciadamente, los diálogos recitados, varias situaciones forzadas, el acento y vocabulario inadecuados del protagonista, famoso actor isleño, queriendo encarnar a un cubano criado en Miami. Algunas escenas hasta resultan bochornosas, sobre todo la de una catarsis pública que antecede al purificador desenlace. Todo eso suena falso. Pero interesa, en cambio, el modo en que casi continuamente Solás acompaña la historia con incisivos y hasta comprometidos apuntes de la realidad cotidiana de la isla. Eso suena a verdad, una verdad agridulce que impresiona y cala hondo, y justifica su visión.

Dos símbolos definen su relato: un viejo edificio habanero sostenido por pilares, que es toda una metáfora, y una actriz, Adela Legrá, precisamente la morocha que de joven protagonizó las formidables «Manuela» y «Lucía», y ahora hace de madre. Como su personaje en este mélo, Adela Legrá, campesina, vivió el entusiasmo de los '60, sufrió los prejuicios de los jerarcas iluminados, y hoy vive retirada en su Baracoa natal, haciendo el bien por cuenta propia. El film se ilumina con este detalle, y con su corta e intensa presencia.

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