12 de septiembre 2002 - 00:00

"MENSAJERO DE LA OSCURIDAD"

Escena del film
Escena del film
«Mensajero de la oscuridad» («The Mothman Prophecies», EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: M. Pellington. Int.: R. Gere, L. Linney, W. Patton, D. Messing, L. Jenney, A. Bates.


E ste thriller sobrenatural es firme candidato a la película más extraña del año. Esta es su principal cualidad, y también su principal defecto. Se trata de una historia con varios puntos en blancos, de un hermetismo exacerbado y personajes que creen con inmensa candidez los asuntos más dementes, sin evidencia alguna que los sustente. Para colmo el pueblo donde transcurre la mayor parte de la acción se llama Point Placid (Punto Plácido).

De hecho, la historia real en la que se basa el film ocurrió a mediados de los '60, cuando la gente de Point Placid sufrió las apariciones del «Mothman» (el hombre polilla del título original), investigadas por el periodista, John A. Kleen, un experto en el tema OVNI que se hizo famoso por el libro que dio lugar a esta película.

Richard Gere
personifica al periodista, que para complicar las cosas ahora es reportero estrella de «The Washington Post», y que, dos años después de la muerte traumática de su esposa (con visión subliminal del Mothman en medio de un choque), aparece sin saber cómo en medio de Point Placid, donde un hombre desaforado lo apunta con una escopeta.

En el lugar la gente padece llamados telefónicos raros, ve cosas raras y actúa de modo aún más raro. Pero lo que el periodista ve es que las desgracias profetizadas por la voz de Mothman realmente se cumplen. Con su excelente thriller «Arlington Road», el director Mark Pellington demostró ser un experto en paranoia. Aquí Pellington parece querer darle una dimensión contemporánea a una vieja historia paranormal, y con un refinado tratamiento de la imagen y el sonido realmente logra enervar al espectador. Sólo que el director va por un lado, la historia original por otro, y en el medio está Richard Gere intentando lucir en medio de un capítulo de lujo de «Los Expedientes X». Quizá en un futuro esta película sirva para ejemplificar el cine de la paranoia de comienzos del siglo XXI. Pero ahora mismo resulta difícil de definir, y lo mejor que se puede decir es que en los momentos que Pellington quiere asustar a su audiencia, realmente lo logra.

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