5 de junio 2007 - 00:00
Moncayo: "Vivaldi es como el Maradona de la música"
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Susanna
Moncayo:
«Nunca me
gustó ceñirme
a un género.
Me encanta
del barroco a
lo popular, o
de la
vanguardia a
la zarzuela».
S.M.: Sí, con la diferencia de que Vivaldi no logró opacarlo en vida. Pues bien, esta obra apareció a nombre de Galuppi en una caja fuerte en Dresden, completamente olvidada, y los musicólogos determinaron fehacientemente que, por su estructura musical, por ciertos pasajes de determinada complejidad, y por sus rasgos de estilo, era imposible que fuera de Galuppi sino que era inconfundiblemente de Vivaldi.
P.: Y en la Argentina se tuvo la fortuna de conocerlo muy rápidamente.
S.M.: Sí, fue algo muy estimulante. Después de Dresden e Italia, no me costó mucho
convencer al maestro Fanna, que además tiene parientes en la Argentina, para que el estreno americano fuera en nuestro país, y no en Nueva York, en donde se había pensado en un primer lugar. Además, yo misma me propuse descentralizar ese estreno y hacerlo en Córdoba y no en Buenos Aires, donde recién se cantó a los tres días de su primera interpretación en el país.
P.: ¿Su relación con el teatro Colón como está?
S.M.: Diría que ahora bien. Mi carrera, con todas las ventajas y desventajas que esto supone, ha transcurrido mucho fuera del país. Pero a mí me encanta cantar en Buenos Aires. Este año tengo dos compromisos con el Colón, ambos en septiembre: el 8 un recital de lieder sobre textos de poetas argentinos, y el 25 seré solista en un concierto con la Filarmónica de Buenos Aires.
P.: Y también hará zarzuela.
S.M.: ¡Sí, «Doña Francisquita»! Me encanta ir de Vivaldi a las expresiones contemporáneas de vanguardia, de la música popular a la ópera, y por qué no, también a la zarzuela. No ignoro que, para una cantante, la especialización en un género específico suele ser algo que juega a favor. Pero, afortunadamente, en mi caso no es así, y eso me permite no privarme de cantar cosas que me dan mucho placer, como «Doña Francisquita», que vamos a hacer con Juventus Lyrica en el Avenida.
P.: ¿Y lo contemporáneo?
S.M.: Uno de los proyectos que más entusiasmo me generanes el de «Travesías», que tiene el apoyo de Suiza, y que haré en la Argentina en julio y en enero en aquel país. Se trata de un concierto de música pop contemporánea, que escribió para mí el compositor Simon Ho, y en el que participarán también Jaime Torres en charango y Lorenz Hasler en violín. A Torres no hace falta presentarlo; de Hasler me gustaría decir que es uno de los violinistas más destacados de hoy, forma parte del conjunto I Salonisti, y todo el mundo lo ha visto en «Titanic»: su grupo era el que, en esa película, tocaba a bordo, cuando el barco se estaba hundiendo. Y, en agosto, viajo a París para estrenar una ópera, «Toulouse Lautrec», que compusieron dos argentinos que residen allí, Jacobo Romano y Jorge Zulueta. La cantaré con otros dos grandes cantantes argentinos, el barítono Víctor Torres y un tenor joven, que vive en París, Armando Noguera, a quien veo como el futuro Plácido Domingo.
P.: ¿Qué es lo que más extraña cuando está fuera del país?
S.M.: Tantas cosas... la familia, desde luego. O no encontrar la pizzería «El cuartito» a la salida del Colón. Recuerdo una vez que salí de cantar el Orfeo de Monteverdi y me vio allí un abonado... por suerte, alguien de mucho humor. De las altas cumbres del barroco al griterío de esa pizzería. Dos insustituibles formas de placer...
Entrevista de M.Z.

