17 de septiembre 2002 - 00:00

Morisot, artista para redescubrir

La Coiffure, de Morisot
"La Coiffure", de Morisot
En la Fundación Pierre Gianadda de Martigny, Suiza, se ha inaugurado una muestra de la artista francesa, Berta Morisot (1841-1895), discípula de Édouard Manet. La exposición incluye obras de la National Gallery of Art, Washington; The Metropolitan Museum, Nueva York; la Fundación Thyssen-Bornemisza, Madrid; The Tate Gallery, Londres, entre otras.

El Museo Nacional de Bellas Artes está presente con una de las últimas obras de Morisot, « La Coiffure», 1894.

Berta y su hermana Edna realizaron sus primeras copias en el Museo del Louvre. Allí conocieron a Henri Fantin-Latour y en los años 1860-61 estudiaron con Corot, junto a quien trabajaron en la Ville-d'Avray y en los Pirineos. Un año más tarde, Morisot se vinculó a Charles-François Daubigny y a Honoré Daumier. Fantin-Latour le presentó a Manet, su definitivo maestro.

Berta
participó en la primera muestra impresionista, del 15 de abril al 15 de mayo de 1874, y en diciembre se casó con Eugenio Manet. Al año siguiente, con Pierre Renoir, Claude Monet y Alfred Sisley, participó de la venta de los impresionistas en el Hotel Drouot, donde obtuvo el precio más alto del grupo, por su tela Intérieur. Integró luego otras muestras de los Impresionistas: 1876, 1877, 1880 y 1881.

Como Monet, Morisot experimentó una fuerte atracción por la naturaleza, los jardines y el aire libre. Pero también estableció un vínculo muy estrecho con Renoir, y como él disfrutó pintando retratos intimistas de su familia al aire libre, en los jardines de Maurecourt y de Bougival, o en cálidas escenas interiores, en las que su hija Julia fue su modelo predilecta.

Se inspiró en los temas de Renoir, como chicas tocando el piano, peinándose o bañistas. Después de su primera exposición individual, en 1892, en la galería Boussod-Valadon, Renoir le escribió «:.. todos están muy contentos, y yo la felicito». La categoría impresionistas fue introducida posteriormente por el crítico de arte Louis Leroy en ocasión de su visita a la primera exposición (1874), en el taller del fotógrafo Nadar, que había reunido a 32 artistas como Sociedad anónima de artistas, pintores, escultores y grabadores.

Desde Francia, en el última cuarto del siglo XIX, la pintura impresionista dividió en dos al arte de Occidente, cerró una etapa histórica de larga data y abrió otra de vertiginosas realizaciones transformadoras. Después de esta revolución en las artes visuales, que echó los cimientos de la Modernidad, no se volvió a pintar como antes, porque estos creadores modificaron para siempre la representación artística heredada del Renacimiento.

Grupo sin escuela, movimiento sin programa, tendencia sin teoría, el Impresionismo es ante todo una coincidencia de actitudes: la de quienes buscaron reflejar los aspectos instantáneos y cambiantes de la realidad cotidiana, especialmente en términos de pura luz, y se opusieron a la preceptiva académica.

Los antecedentes pueden rastrearse en las obras del francés
Eugene Boudin y el holandés (radicado en Francia) Johann Barthold Jongkind, de los ingleses Turner y Constable, y sin duda de los realistas franceses Corot y Courbet. Sin embargo, el precursor fue Manet, en quien los impresionistas vieron un maestro y un adalid. El paisaje fue el tema preferido, como se advierte en Pissarro, Sisley y Monet.

En ellos, el aporte del Impresionismo adquirió las mayores proporciones, si puede decirse de este modo: frente a la sugestión fantástica y literaria de los románticos y a la estructura intelectual de los realistas, vibró la sensualidad y la libertad de los impresionistas. Además, se adentraron en la vida urbana, como
Renoir y Degas.

Descubriendo un mundo que no había existido para la pintura anterior, y con el mismo gozo con que pintaron los reflejos de las aguas por el sol o la nieve caída sobre los senderos campestres, abordaron escenas de los bulevares y los teatros, de los cafés y los bailes. A mediados de 1870,
Morisot realizó una serie de telas en torno al tema de la danza, en las que exploró retratos femeninos más que la mundanidad y las intrigas amorosas del universo de los teatros.

Renoir
, que había ingresado en 1862 a la École des Beaux-Arts, de París, conoció e inició una fuerte amistad con Monet, Sisley y Fréderic Bazille. El año siguiente, en el Salón de los Rechazados, que habilitó el Emperador Napoleón III para sosegar a los artistas no incluidos en el Salón Nacional -la Meca adonde querían llegar los pintores y escultores incipientes-, Renoir y sus amigos se deslumbran frente a una obra de Manet, El baño - más tarde rebautizada como «El almuerzo campestre»-, en la que descubrieron una nueva manera de pintar, en lo creativo y lo técnico.

La Guerra de Prusia, en 1870, separó a estos artistas;
Renoir y Bazille se enrolan en el Ejército, pero sólo el segundo es enviado al frente, donde pierde la vida. Caído el imperio con la derrota militar, un mes y medio después de empezada la lucha, la República fue establecida recién en 1875. En realidad, sólo la primera generación, integrada por artistas nacidos en los años 1830-40, hace su primera muestra el 15 de abril de 1874, poco tiempo antes de la República.

Manet
(1832-1883), Degas (1834-1917), Renoir (1841-1919), Cézanne (1839-1906), Bazille (1841-1870) o Morisot, se constituyeron sin embargo en un grupo. Según Jean-Dominique Rey no hay un concepto más apropiado para la obra de Morisot que la observación del poeta austríaco Hugo von Hoffmansthal: «La profundidad, hay que esconderla. ¿Dónde? En la superficie».

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