26 de octubre 2007 - 00:00
Muestra homenaje a Martha Peluffo
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La intimidad como territorio de descubrimiento
La muestra que
exhibe el
Centro
Recoleta
incluye 40
obras nunca
vistas de
Martha Peluffo,
y se centra
principalmente
en sus osados
e intensos
«Autorretratos»
de 1968.
La muestra centrada principalmente en sus «Autorretratos» de 1968 constituyen un viaje al interior de su intensa personalidad reflejada en un atrevido dibujo, en una exposición descarnada de su cuerpo, de expresiones sin concesión alguna, primeros planos, a veces multiplicados , color osado, verdes, lilas, azules, un choque visual y emocional. En «Cómo me veo», el capítulo que aborda este momento en la obra y vida de la artista, ella misma dice: «Estoy intentando un reconocimiento de esta Martha Peluffo en dos fases principales: cómo me veo yo y cómo me parece que me ven los demás». Este pase a la figuración constituye un quiebre con el surrealismo y el informalismo en los que estaba inserta por eso declara: «creo que como actitud, no hay nada más surrealista que pintarse a sí mismo».
Se relatan también sus experiencias con LSD -de moda entre hippies, artistas y psicoanalistas-«con el ácido llegué a verme, inclusive en los mismos colores». Estas obras fueron consideradas por algunos críticos como pertenecientes a la Nueva Figuración con técnica del Pop Art , opiniones refutadas por la artista. Los «Autorretratos» están pintados sobre la base de imágenes fotográficas, «la fotografía da la objetividad que tenemos cuando miramos a otro» y «el autorretrato significa que me remito a mi realidad», decía entonces.
La exposición que tuvo lugar en Rubbers, en 1963, «7 Días con Martha Peluffo» despertó opiniones contradictorias. Destacamos lo escrito por Guillermo Whitelow: «Artista compleja, antes volcada al surrealismo, ha descubierto la potencia que deriva de la propia imagen magnificada , creando un obsesivo temario de repeticiones sarcásticas». El libro, a través de siete capítulos, un importante trabajo de investigación, pleno de citas y testimonios de aquellos que la frecuentaron y se ocuparon de su obra, da cuenta de la vida de una artista, que según su hija Verónica, «renunció a lo cómodamente correcto y decidió explorar en su tela y en su alma».
Para los testigos de esa época, es también un reencuentro con el ambiente artístico en permanente ebullición de Buenos Aires y sus protagonistas así como con la convulsión política de comienzos de la década del 70 y su trágico desenlace.
Aunque gravemente enferma, Martha Peluffo nunca dejó de pintar. Murió el 29 de diciembre de 1979.
La muestra que exhibe el Centro Recoleta incluye 40 obras nunca vistas de Martha Peluffo, y se centra principalmente en sus osados e intensos «Autorretratos» de 1968.




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