Murió Charlton Heston, el último héroe de Hollywood

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Para el gran público fue el intrépido Ben Hur, el colosal Moisés de «Los diez mandamientos», el Miguel Angel que encontraba inspiración en el cielo en «La agonía y el éxtasis», y el George Taylor de la saga de «El planeta de los simios»; para los más cinéfilos, en cambio, fue sobre todo el crispado Ramón Vargas en «Sombras del mal» de Orson Welles; y en los últimos tiempos, injustamente degradado por Michael Moore, fue, para las generaciones que no lo conocieron en sus tiempos de esplendor, apenas un incauto anciano defensor de Bush y de las armas, víctima de la cámara sorpresa de «Bowling For Columbine». Charlton Heston, la última estrella a escala épica de Hollywood, murió el sábado por la noche a los 84 años. El gran actor ya sufría Alzheimer cuando lo filmó Moore, Nacido como John Charlton Carter el 4 de octubre de 1924 en Evanston, Illinois, forjó su nombre artístico al combinar el apellido de soltera de su madre, Charlton, con el de su padrastro, Heston. «Sé que todos me identifican con Ben Hur, pero no es cierto que será este papel por el que pasaré a la historia», dijo en 1997 en Cannes.

¿Guardaría algún rencor, tal vez, con lo que el ladino Gore Vidal reveló, un poco en broma y un poco en serio, sobre la naturaleza de aquel personaje? En Hollywood llegó a ser casi un deporte burlarse de las ideas conservadoras de Heston, ideas que lo llevaron justamente a convertirse en el blanco predilecto de las corrientes «progresistas», que desembocaron en Moore. Y fue así como Vidal, reconocido escritor homosexual que participó de la redacción del guión de «Ben Hur», declaró con respecto a la descomunal película romano-cristiana de William Wyler:

«Qué pena que Charlton tenga una posición tan cerrada con respecto a la homosexualidad. ¿No sabe acaso que su personaje, Ben Hur, fue amante de Massala? (el romano que interpretaba Stephen Boyd, y que luego se convertiría en su enemigo mortal en el film). Todos los diálogos que escribí para Ben Hur y Massala son gays, y a Charlton lo vi muy convencido en la interpretación que hizo».

Bromas aparte, a pesar de que Heston terminaría su vida adhiriendo a los sectores más conservadores de Hollywood, en su juventud tuvo una participación activa como presidente del Sindicato de Actores (1966-1971) y luego del American Film Institute, y luchó en los '60 por el movimiento de los Derechos Civiles junto a Martin Luther King. Para sorpresa de muchos, en 1998 se convirtió en presidente de la Asociación Nacional del Rifle, grupo que reivindica el derecho de los ciudadanos estadounidenses a llevar armas. El gremio de los actores también le debe la recategorización del papel del intérprete, y no sólo en lo que hace al respeto de los contratos de trabajo. Heston, detalle que pocos cinéfilos conocen, fue quien presionó en 1958 a los estudios Universal para que fuese Orson Welles quien lo dirigiera en «Sombras del mal» («Touch Of Evil»). Pese a su genio y trayectoria, Welles jamás fue un buen nombre en los grandes estudios, que lo rehuían por su inconstancia e imprevisibilidad. Sin la mediación de Heston, jamás la Universal lo hubiese dejado rodar esa obra maestra que es « Sombras del mal».

Hijo único de un panadero, de niño vivió con sus padres en una zona rural, en la que solía pasar horas leyendo y actuando para sí mismo. Antes de cumplir los 10 años, sus padres se divorciaron y el niño se fue con su madre. Años después, ella se casó con Chester Heston y se establecieron en Chicago. Allí participó en las funciones teatrales de la escuela, y sus actuaciones le valieron en 1942 una beca para estudiar en la escuela de arte dramático de la Universidad de Evanston.

Su primera película fue «El vengador invisible» («Dark City», 1950), y más tarde rodó, a las órdenes de King Vidor, «La furia del deseo» («Ruby Gentry», 1952), aunque logró su primer éxito dos años después, con «El mayor espectáculo del mundo», de Cecil B. De Mille. Ese fue el primer contacto con el director que, cuatro años más tarde, lo inmortalizaría como Moisés al frente de la superproducción «Los diez mandamientos».

Entre una película y otra rodó, asimismo, más de un éxito, como «Hogueras de odio» («Arrowhead», 1953), «La lanza rota» («The Savage», 1953), y sobre todo « Marabunta» («The Naked Jungle», 1954). Un año después de «Los diez mandamientos», se produciría también su primer contacto con Wyler, el cineasta que lo volvió a relanzar en «Ben Hur»: juntos, realizaron un western antológico, que nunca fue valorizado como correspondería: «Horizontes de grandeza» («The Big Country»).

Desde ya, su papel como Judah Ben Hur, y en especial la famosa escena de la carrera mortal en el circo romano, lo consagraron a principios de los 60 en el actor épico por naturaleza, en el nombre imprescindible para cualquier superproducción. Así, un año después, se enfundó en la ropa de Rodrigo Díaz de Vivar, y fue «El Cid» de Sofia Loren en la producción de Anthony Mann.

Los éxitos continuaron ininterrumpidamente a lo largo de esa década: «55 días en Pekín», dirigido por Nicholas Ray; la magnífica «Juramento de venganza» («Major Dundee»), a las órdenes de Sam Peckinpah (la versión completa de esta película sólo se conoció hace cinco años, gracias a una edición restaurada en DVD), la citada «La agonía y el éxtasis» y, en Inglaterra, a las órdenes de Basil Dearden, «Khartoum», junto con Laurence Olivier y Ralph Richardson (una película que Victoria Ocampo confesó haber visto 24 veces).

En 1968, a medida que el tiempo de las superproducciones empezaba a declinar, Heston inició la saga de «El planeta de los simios» (de la que llegarían a hacerse cuatro secuelas). Si bien en los 70 mantuvo alta su popularidad, Hollywood empezaba a cambiar, y su papel en él no fue el mismo. Sin embargo, llegó a protagonizar dos films hoy de culto para los amantes de la ciencia ficción, como «La última esperanza» («The Omega Man», 1971) y «Cuando el destino nos alcance» («Soylent Green», 1973).

Pero fue en estos años cuando empezó a aceptar papeles que eran, de alguna forma, caricaturas de los que había sido: fue Marco Antonio en «Antonio y Cleopatra» (1972), Julio César en «El gran centurión» y empezó a formar parte de películas catástrofe como « Aeropuerto 1975» y «Terremoto». En 1990, acompañado por Norma Aleandro, estuvo en el Teatro Colón como parte de la única vez en que el Oscar fue transmitido, en simultáneo, desde cinco capitales del mundo, entre ellas Buenos Aires.

Hasta ayer, estuvo casado (durante 64 años) con la mujer que había conocido en sus tiempos de universitario, Lydia.

El presidente Bush dijo ayer que Heston fue «un hombre de gran corazón, carácter e integridad». En 2003, Bush le había otorgado la Medalla Presidencial de la Libertad, la condecoración civil más alta en Estados Unidos, pocos meses después de su aparición en «Bowling for Columbine».

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