19 de enero 2002 - 00:00

Museos sí, pero si no se paga entrada

Gran afluencia de gente a los museos
Gran afluencia de gente a los museos
E l miércoles pasado, en una tarde benigna, sin calor ni malas nuevas, centenares de personas visitaban el MALBA en su día de ingreso gratuito y colmaban la cafetería y las terrazas. A pocos pasos de allí, algunos visitantes recorrían la galería Maman, donde sus ejecutivas, Cecilia Caballero y Diana Saiegh, reconocen que alguna venta se logró concretar en estos días difíciles. A las siete de la tarde también había gente recorriendo la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, institución que alcanza los fines de semana su mayor caudal de público, al igual que el Museo de Bellas Artes.

«Se rompió la estacionalidad, en el verano la actividad artística ya no se detiene como antes», observó el crítico Raúl Santana desde su habitual café de la Recoleta. Evaluaba así el actual poder de convocatoria de museos y galerías, cuando poco tiempo atrás se iniciaba un receso a partir de enero que se prolongaba hasta marzo o incluso, hasta abril. Para dar prueba del cambio, había gente del ambiente comentando en los bares de la zona los salones de los premios Fundación Banco Ciudad y Banco Nación que se exhiben en Bellas Artes y el Cultural Recoleta, cuyo mayor mérito es brindar un extenso panorama del arte que se produce hoy en la Argentina.

Se dijo que en el Banco Nación se privilegia la estetización del montaje y el despliegue de nuevas tecnologías, mientras que en el Banco Ciudad se percibe la resistencia de la pintura ante el avance de otros soportes no tradicionales. Con otro enfoque, también se dijo que los artistas muestran en esta ocasión planteos más ligados a la realidad social que en los de años anteriores.

Perfil

Retomando el tema de la convocatoria de los museos, al analizar las cifras crecientes del MALBA en los días gratuitos, se señaló que el arte atrae al gran público, aunque la gente no está dispuesta a pagar para verlo. «El perfil de los visitantes de los miércoles es alto, llegan en taxi y compran algo en la librería, pero eligen el día para no pagar la entrada», dijo un portavoz del Museo.

Al estudiar este fenómeno y su raíz social, se torna evidente que la determinación de no cobrar entrada en los museos públicos que cobró vigencia en la década del noventa, condicionó los hábitos del espectador argentino. En este sentido, todos rescataron como un logro la difusión del arte a nivel masivo, producto directo del libre acceso a los museos, posibilidad que elevó la cifra del público que asiste a los grandes centros como el Bellas Artes o el Recoleta a más de 1 millón de visitantes anuales.

Sin embargo, ahora, cuando las instituciones que dependen del Estado padecen ajustes presupuestarios y apenas si tienen dinero para pagar los sueldos, y cuando los patrocinios no abundan, la recaudación en concepto de entradas parece más necesaria que nunca, e inclusive más digna que la consecución de fondos de parte de los artistas.

«Hasta ayer, conseguir dinero para exponer en un museo era difícil, hoy es una meta imposible y, además, no estamos capacitados para esto», agregó un artista que prefirió mantener su nombre en reserva. Y el patrocinio fue un punto determinante del diálogo, pues el ámbito cultural que está ligado en gran medida al establishment, reproduce en pequeña escala los mismos problemas políticos de la Nación. La transparencia de la sociedad global y mediatizada permite cotejar las inversiones en Cultura de las empresas multinacionales radicadas en Argentina, y así queda en evidencia que en otros países dedican a este rubro montos mucho mayores.

Brasil es el mejor ejemplo. Dato que pone en el candelero las notables diferencias que existen a nivel transnacional entre las variadas gestiones de los operadores y funcionarios del campo cultural, cuya excelencia parece un imperativo en tiempos de vacas flacas.

Para ese entonces, otros temas surcaban las mesas del bar. Para comenzar, se cuestionó que la Secretaría de Cultura quede subordinada al Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. «Cultura ya dependió de Educación -señalaban algunos-, y escaló mayor rango cuando pasó a la órbita de Presidencia. Luego se colocó junto a áreas tan variadas como Comunicación, Turismo, Deportes y ahora de nuevo Educación. Es como si en esta ronda se hubiera perdido el rumbo o, peor aún, la noción de cuál es el verdadero papel que le toca jugar a Cultura».

A partir de esta idea, contaron que en Alemania, antes de tomar la decisión de enviar tropas de seguridad al norte de Kabul, el primer ministro se reunió con un grupo de artistas e intelectuales para conocer su opinión. Todo un gesto.

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