«Nacha. Qué me van a hablar de amor». Actuación, dirección y voz: Nacha Guevara. Dir. Musical y piano: Gerardo Gardelín. Con Gonzalo Fuertes (bajo, contrabajo), Sebastián Giunta (teclados) y Fernando Valles (batería). (Teatro El Nacional).
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Mucho tiempo y muchas cosas han pasado desde que Nacha Guevara era aquel «patito feo» del que hablaba en una de las canciones. En su aspecto personal, porque ha hecho todo lo posible -además de tomar mucha agua y comer muchas verduras-para mantenerse eternamente joven y para ser cada vez más hermosa. Y en su actitud hacia el arte, porque se ha alejado de la canción «comprometida» con el momento para repudiar de los «ismos» y volcarse hacia el amor eterno.
En «Qué me van a hablar de amor» hay mucho de la antigua Nacha. Ha vuelto decididamente sobre el espíritu del café concert, especialmente desde la ironía y el sarcasmo con que trata el repertorio amoroso. Sigue sintiéndose cómoda con el music hall, un estilo que ha cultivado durante toda su vida. Gran parte de las canciones que integran este espectáculo -aunque repartidas de otra manera y en otros contextos-formaron parte de su carrera.
El cuarteto acompañante es de una eficacia incuestionable, aunque se extrañe la dirección de Alberto Favero. Lo visual sigue siendo muy importante. Y su profesionalismo en la cuidada puesta, en la afinación y en el armado del show, no ha mermado. Esta vez el eje está en las canciones de amor y desamor -sobre todo en estas últimas-, en las controvertidas relaciones entre hombres y mujeres.
Hay puntos destacables en canciones como la «Canción del odio» -un clásico de Nacha escrito por Vinaver y Rodgers, lo más alto del espectáculo-, «Soñé un sueño» de Kretzmer y Schönberg, «Soy extranjera en tu ciudad» de Weill y Nash, o «No se casen» de Boris Vian. Y no hay puntos débiles en un show muy parejo, más allá de que los tangos -»El último café», «Qué me van a hablar de amor», «Los mareados» en versión bluseada-sigan sin ser sus fuertes.
Sin embargo, ese conocido profesionalismo que antes quedaba oculto detrás de la emoción ahora está a la vista, sus muchos recursos técnicos como cantante y como actriz se notan y sólo a ratos logra salir de su propio libreto y dejar al público con la boca abierta. Eso ocurre con la mencionada «Canción del odio» y con la lectura de un texto, «Me saco el sombrero», que ha circulado por Internet y que ha decidido rescatar para el momento de los bises.
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