Con "Recital Olímpico" reabrirá el Sarmiento

La obra, de Camila Fabbri y Eugenia Pérez Tomas, imagina un encuentro entre dos niñas prodigio de los años 80, Nica Turbina y Nadia Comaneci.

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Dos niñas prodigio, reconocidas a nivel mundial a poco de cumplir los diez años y convertidas en figuras públicas y celebradas. Nica Turbina, poeta ucraniana, y Nadia Comaneci, atleta rumana, tienen mucho en común aunque nunca se conocieron. El mismo talento que las catapultó a la fama las condenó a desenlaces tormentosos. En ¨Recital Olímpico¨, las autoras y directoras Camila Fabbri y Eugenia Pérez Tomas imaginan cómo habría sido una amistad entre ambas. Con esta obra, que pasó por el FIBA el fin de semana, se reabre el jueves el teatro Sarmiento del Complejo Teatral de Buenos Aires tras un año cerrado por la cuarentena. Actúan Laura Paredes, Anabella Bacigalupo, Nadia Sandrone, Nina Suárez, Luna Etchegaray, Agustina Estarli, Oriana Lopresti y Micaela Suárez. Dialogamos con Fabbri y Pérez Tomas.

Periodista: ¿Qué diferencia hay entre esta indagación en biografías y el biodrama de Vivi Tellas?

Camila Fabbri: Vivi Tellas toma la biografía de otras figuras que ella se cruza y le generan ideas, son puntapiés para escribir sobre esas vidas. Nuestra búsqueda tiene que ver con tomar esas biografías como disparadores para generar ficción, historias inventadas. Extraemos de la no ficción una ficción.

P.: ¿Qué les atrajo de estas dos mujeres soviéticas?

C.F.: La vida prodigio de niñas que se destacaron de muy pequeñas. Nos interesaba indagar en esta sensación de ser siempre miradas y admiradas. Las ideas y mente de la poeta y el cuerpo, los movimientos y la destreza física inigualable en la atleta. No hay nadie como Nadia. ¿Cuál es el peso de vivir con eso?. En Turbina, la mente que la llevó a transformarse en figura de la poesía soviética fue a la vez su tormento. Con Nadia pasó lo mismo, no tuvo un desenlace trágico pero tuvo que escapar de su país donde había un régimen con el que no comulgaba y terminó en EE.UU., que tal vez no era el territorio más adecuado para ella, era todo lo contrario a Rumania. Nos cautivó cómo sus grandes genios las llevaron a lugares de mucho tormento. Los grandes talentos también pueden ser muy pesados.

P.: ¿Qué buscaron con el contraste entre los personajes en su infancia y la adultez?

Eugenia Pérez Tomas: La obra hace un recorrido temporal atravesado por vacíos. En esos huecos aparecen cartas y pesadillas. Las niñas están situadas en la década del ´80 y el presente está situado en los años 2000. El tiempo no es una línea que avanza, en cambio son capaces de recuerdos y de archivos: cartas, objetos y hasta los propios cuerpos de las actrices van construyendo el presente donde conviven o se disputan las imágenes del tiempo. Hay algo ahí permanente, sin edad, en las niñas hay adultas, en las adultas hay niñas.

P.: ¿Cómo fue el proceso de documentación?

C.F.: Empezamos con Nica Turbina a partir de un libro, nos gustó esa idea de una nena de cinco años que escuchaba voces que la dictaban poemas. Ella los recitaba y declamaba su poesía, luego ganó premios. Había algo muy cautivante en esta biografía. Nos topamos con un grafiti que decía que la poesía es un deporte extremo y allí encontramos a Nadia Comaneci. Ella fue el primer diez de la historia de los Juegos Olímpicos, no existía esa calificación. Indagamos en documentales, en la película, hay más material de Nadia que de Nica, también vimos fotografías y buscamos en esos colores sepia. Hay muchos videos de ellas en vivo. Imaginamos cómo podían hablarse y conocerse, allí arranca la ficción.

P.: ¿Cuánto subyace de esas niñas en las adultas?

C.F.: Fueron infancias muy diferentes de otras. Uno es un ser íntimo, individual, con su anonimato, lo que ellas no tuvieron fue eso. Se volvieron seres públicos demasiado pronto, algo ahí se cortó. La infancia huyó de mi¨ de Nica Turbina, exhibe algo de la infancia de estas niñas que les fue robado. Fueron nenas que daban entrevistas, con opinión formada, tenían que estar listas, cerca del presidente de su país, ser condecoradas en multitudes que las vitoreaban.

P.: ¿Recuperan el nostálgico intercambio de cartas?

E.P.T.: El cruce epistolar funciona por un lado como el cuerpo presente en la distancia. La materialidad de la carta es lo único que tienen las nenas para dialogar e intercambiar. De alguna manera nos agarramos del género epistolar para escuchar los pensamientos, para desplegar el universo subjetivo de cada una. Hay una gran tradición de escritura de cartas, no únicamente de amor, y allí nos ubicamos. Las cartas son como plataformas para entramar un vínculo. El amor y la amistad como la forma de no estar solas.

P.: ¿Cómo estructuraron la obra?

E.P.T.: El dispositivo escénico tiene como protagonista una tamblinera de gimnasia, elemento específico del campo de la disciplina deportiva que practicaba Nadia Comaneci. También hay una suerte de pasarela en altura que funciona de escenario de un estadio, locación donde Nika Turbina ofrecía sus recitales de poesía. En escena están las Nika y Nadia del pasado y del presente. También está Yuri, que oficia de traductora de la poeta y que a lo largo de la pieza va consiguiendo confundirse en el mundo de las atletas, con tres gimnastas que realizan rutinas de piso mientras la obra sucede.

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