4 de junio 2024 - 13:25

Nelson Rueda: "El teatro es mi hogar y mi manera de vivir"

Rueda integra cuatro elencos diferentes y hace funciones de miércoles a domingos. Forma parte de ARTEI, que engloba a las salas independientes, y admite que casi todas han sufrido merma de público. "Una fotografía de de cómo lo están pasando tanto las salas como los espectáculos que aguardan el apoyo de Proteatro y otras para poder pagar parte de producción de obras"

Nelson Rueda forma parte de cuatro elencos diferentes: Brutus, 600 gramos de olvido, Escarabajos y Personas, lugares y cosas. 
Nelson Rueda forma parte de cuatro elencos diferentes: "Brutus", "600 gramos de olvido", "Escarabajos" y "Personas, lugares y cosas". 

“Vivo de mi profesión desde hace años, hay veces con posibilidades de planear unas vacaciones con lo ganado y otras para juntar para pagar la boleta de gas”, dice el prolífico Nelson Rueda, que forma parte de cuatro obras teatrales en cartel: segunda temporada de “Brutus”, de Marcelo Zapata y Oscar Barney Finn, en el teatro Payró, los lunes, a las 20; “600 gramos de olvido”, de Daniel Dalmaroni, dirigida por Marcelo Moncarz, los domingos a las 16 en el Teatro Del Pueblo; “Escarabajos”, de Pacho O’Donnell, dirigida por Juan Manuel Correa, los viernes a las 22.30, en el Centro Cultural de la Cooperación y “Personas, lugares y cosas”, del inglés Duncan Macmillan, dirigida por Julio Panno en el Teatro Sarmiento, de miércoles a domingo, a las 20. Conversamos con Rueda.

Periodista: ¿Podés encontrar algún punto de contacto entre los cuatro personajes que estás interpretando hoy en teatro?

Nelson Rueda: Son cuatro obras, con cuatro colores de actuación distintos. Siento que uno debe entrenar su instrumento físico y emocional en función de lo que requiere tanto una tragedia como “Brutus”; o una historia de amor dentro de un contexto de una Argentina oscura en los años 70, como lo refleja la obra de Dalmaroni; las capas de manipulación y violencia contenida y expuesta que requiere mi personaje de Oscar, en la consagrada obra de Pacho O’Donnell; o en “Personas, lugares y cosas” componer la empatía dentro de un dispositivo escénico de relojería en una obra que late fuerte durante dos horas.

-¿Qué te atrajo de cada una de las obras y qué temas se abordan?

N.R.: En “Brutus” poder transitar un género que nunca hice, como es la tragedia, y trabajar con el director Oscar Barney Finn. Allí compongo a Casio, emblemático personaje en lo que fue su llegada y caída del poder de Julio César. “600 gramos de olvido”, de Dalmaroni es una obra especial para mí, ya que su autor fue quien escribió la recordada “Un instante sin Dios”, que hicimos durante dos temporadas con mi amigo Arturo Bonin. Cuando Dalmaroni me comentó que estaba escribiendo un texto y me veía en uno de sus personajes principales, no sólo me emocionó su gesto y apuesta, sino todo lo que traía en mis recuerdos haber transitado la pieza anterior, que también dirigió su autor. “Escarabajos” me la propuso su director Juan Manuel Correa y recibí una llamada telefónica de Pacho para decirme que lo haría feliz si yo estuviera en el proyecto. Además, trabajar con Victoria Onetto que es una generadora y motivadora constante. Estamos llenando desde hace 3 meses las funciones y con críticas fabulosas. “Personas, lugares y cosas” tiene un personaje que se llama Foster dentro de un dispositivo escénico potente. La pieza es del mismo autor de “Las cosas maravillosas”, que se presenta en el circuito comercial porteño desde hace dos temporadas. Trabajar con Julio Panno es un aprendizaje constante, cada encuentro fue una gran clase de teatro. Recién se estrenó y no para de movilizarnos a nosotros como compañía, así como a cada espectador. En cuanto a la elección de los textos que hago en teatro, sólo hago lo que me interpele como actor, lo que me haga estar presente emocionalmente y que me permita crecer o entrenar. El teatro es mi hogar, mi manera de vivir, mi herramienta de trabajo. Por la tanto, debo cuidarla, mimarla, defenderla e interpelarla siempre para mantenerlo vivo. Hoy en día hacer teatro en este contexto es complicado, pero el teatro resistió muchas épocas. Si compañeros y compañeras han podido estar contando sus historias en épocas de dictadura y hasta crearon un ciclo como Teatro Abierto que fue bisagra para el retorno a la democracia, ¿cómo no pelearla hoy? Sería defraudar el oficio y, en consecuencia, a mí mismo.

P.: ¿Cómo le está yendo hoy a los espectáculos, independiente y calle Corrientes?

N.R.: En este contexto y formando parte de Artei, entidad que engloba a todas las salas de teatro independiente, salvo algunas excepciones, los espectáculos del off han sufrido una merma importante de público y las salas tratan de sostenerse para no caer. Todo esto en un contexto donde los institutos nacionales e incluso Proteatro en Ciudad, a mediados de año aún están evaluando las solicitudes de ayuda. Es una fotografía de cómo lo están pasando tanto las salas como los espectáculos que aguardan una ayuda para poder pagar parte de producción de obras.

P.: ¿Estás con uno en el oficial, cómo ves el circuito del Estado?

N.R.: Trabajar en el Teatro San Martín es uno de los placeres que le deseo a cualquier actor, su gente, sus empleados. Además, lo que te aporta como actor hacer funciones de miércoles a domingos es fascinante. Aún se siguen programando producciones que se van aggiornando al contexto económico que atraviesa el país. En el Teatro Cervantes nunca trabajé, pero los colegas amigos que están participando en sus obras hablan de lo mismo: de que hoy en día es un logro que esté abierto. Que haya carpetas en la mesa del programador para ser evaluadas ya, al menos nos da ilusión, palabra que todos lo que nos dedicamos a esto tenemos siempre ahí latiendo.

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