"Nevar en Buenos Aires"

Espectáculos

«Nevar en Buenos Aires» (Arg., 2006, habl. en esp.); Dir.: M. Miño; Guión: R. Montini, L. Espinosa; Int.: F. Aste, M. Cárdenas, E. Claudio, R. Blas, A. Vainstein, A. Lecuona.

Esta historia transcurre a lo largo de un día fresco que sólo al personaje protagónico se le antoja calurosísimo, al punto de exigir que prendan el aire acondicionado en todas partes, en tanto su posible alter ego quisiera ver nevar en Buenos Aires, algo que sólo ocurrió una rara mañana de 1918, lejos, eso sí, de cualquier espíritu navideño.

Será porque anda tan acalorado, que nuestro personaje vive dos aventuras simultáneas. En una, escapa de la oficina después del almuerzo, se mete en un bingo, gana, y se va a la cama con una chica muy agradable.

En otra, vuelve a la oficina, se rebela contra tirios y troyanos, y se va arriba de un escritorio con una compañera de trabajo también muy agradable. Ambas historias están conectadas, pero una ocurre de veras, y la otra quizá sea sólo un reflejo de la primera. Eso lo sabremos recién al final, que es ciertamente sorpresivo. Entretanto, vamos cambiando de parecer según la trama nos lleva, en un juego de «qué loco», «ah, esto es lo que él se imagina», «pero no, esto no se lo imagina, ¿entonces lo otro?», y así sucesiva y alternativamente, a la manera de algunos cuentos de Julio Cortázar, pero con el aditamento de la época, ya que esto es un «thriller social», donde el hombre enfrenta a sus jefes, sus delegados sindicales, y sus falsos compañeros, hay violencia física y amenaza de armas, reclamos de aumento salarial, y al final unos cuantos tiros, medio en sintonía con la norteamericana «Un día de furia», pero más con la española «Smocking Room», donde media empresa entra en sospechas y conspiraciones ante un simple pedido de un sitio para fumar (en este caso, lo que se pide es que prendan el aire).

Por otro lado, también es un relato de amor, con una muy concreta Irma, y una ideal Caridad, amada a su vez por un tramposo comentarista radial, que oficia extrañamente de relator del film, habla del vínculo entre pasión y padecimiento, y ante el fracaso de una relación de un solo día desarrolla dos hipótesis muy acertadas: «Una, nos faltó tiempo.

  • Confluencia

    Dos, nos sobró tiempo». La chica, en cambio, le toma el tiempo a cada uno, les canta sugestivamente el 22, el 90, el 7 y el 40, y cuando el protagonista le dice que siente estar viviendo dos situaciones a la vez, se ataja terminante: «¿Es un virus? ¿Todos los tipos la van de raros ahora?». Pero las dos situaciones terminarán por confluir, y todo lo que parezca raro ha de aclararse. Interesante guión, quizá más complicado de lo necesario, el último al que puso su firma (en colaboración) el fallecido Lito Espinosa de «Adiós, Roberto». Y buen debut del hasta ahora director de fotografía Miguel Miño, un hombre humilde, que supo llevar adelante un proyecto ajeno, con gran cantidad de locaciones, momentos difíciles, y ritmo exigido, y además hizo lucir a los actores (a la cabeza, Fabio Aste, Ramiro Blas, María Cárdenas y Agustina Lecuona, y cartel francés para Ernesto Claudio como el insoportable piola de la oficina, falso, cobarde, y suertudo).

    P.S.
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