«Jeepers Creepers» (EEUU, 2001, habl. en inglés) Dir.: Victor Salva Int.: Gina Philips, Justin Long, Jonathan Breck, Patricia Belcher, Brandon Smith, Eileen Brennan.
En los años '50, una película clase B con algún monstruo mutante gigante no tenía más remedio que escatimar al máximo las apariciones del engendro estelar: lo mostraban un poco en el prólogo, lo escondían hasta el comienzo del tercer rollo, y recién le daban rienda suelta en los últimos 15 minutos, cuando hacía todo tipo de desastres hasta que era aniquilado justo al lado de algún monumento famoso.
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Al menos como discípulo de Roger Corman, el cada vez más relegado Francis Ford Coppola podría haber tenido en cuenta este tipo de reglas básicas al hacerse cargo de la producción ejecutiva de una película incoherente y poco original de la forma más anodina posible: no da miedo, no tiene ritmo, no tiene ideas formales ni argumentales, ni un guión mínimamente elaborado, ni siquiera un tema que pueda aportar algo a algún mito fantástico.
Este agujero negro narrativo es tan notable que termina logrando que cada rollo del film parezca una parte de otra película, cambiando de tono y aportando personajes sorpresa en subtramas que generalmente no van a ninguna parte. Curiosamente este desconcierto narrativo es lo que ayuda a seguir viendo el film, ya que los abruptos cambios de clima y situaciones al menos ayudan a esperar algo mejor. La trama sobre un estudiante que recorre en su viejo auto una zona rural junto a su hermana mayor, sin sospechar que terminará acosado por un ser espantoso no toma forma clara hasta casi los 40 minutos de proyección.
El ritmo es tan lento que durante los primeros 15 minutos casi no pasa nada, y de hecho el demonio alado con máscara de latex que los persigue recién aparece hacia la mitad de la proyección (todo un récord de lentitud en presentaciones de criaturas sobrenaturales).
El engendro irrompible es un actor con un traje de goma y un diseño de maquillaje luce realmente pobre. Cuando despliega sus alas, los efectos digitales dan pena. Y hasta los trucos gore, que podrían haber aportado un poco de colorido en las escenas de decapitaciones y desmembramientos varios, lucen tristes, grises, sin una pizca de creatividad o imaginación. Para completar, el elenco es de una mediocridad aplastante, no hay erotismo, no más de dos o tres chistes eficaces -sin siquiera humor involuntario-, y abundan los lugares comunes y las malas imitaciones de clásicos del género. Como plus, hasta incluye diálogos tipo «Uy esta parece una de esas escenas estúpidas de las películas de horror».
Lo que remite directamente al antiguo Coppola (ese que nadie podía imaginar asociado a algo como «Jeepers Creepers»): para definir algo horrible, atroz, tonto, gratuito, el alucinado personaje de Marlon Brando en «Apocalypse Now» sólo atinaba a repetir con expresión desolada «The Horror!»....
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