12 de febrero 2004 - 00:00

"No creo ser Sarah Bernhardt, pero pongo toda mi energía"

No creo ser Sarah Bernhardt, pero pongo toda mi energía
U na visita a la Iglesia y una operación de nariz hicieron posible el debut televisivo de Amalia «Yuyito» González, según confesó ella misma a este diario a poco de debutar en «Oscar» de Claude Magnier. Se trata de una comedia de enredos que popularizó en Francia Jean Paul Belmondo y que contó con una no muy feliz adaptación cinematográfica en Estados Unidos protagonizada por el inexpresivo Sylvester Stallone. La versión argentina -que se exhibe en el Teatro Broadway-cuenta con dirección de Alberto Fernández de Rosa y un elenco encabezado por «Yuyito», Alberto Martín, Sebastián Estevanez y Graciela Pal. Aquella veinteañera, que soñaba con ocupar el lugar de Luisa Albinoni y Noemí Alan en «La peluquería de don Mateo», conserva su impresionante porte de walkiria. Pero la vedette que tantos rumores alimentó a principios de los '90, hoy guarda muy celosamente su vida privada («No me gusta que me pregunten sobre mis ex parejas, ni que se metan con mi familia», aclara de antemano).

Los únicos llamados que irrumpieron en su celular durante la entrevista provinieron de sus dos hijas, cuyos requerimientos atendió muy maternalmente en los minutos previos a la función.

Periodista:
¿Cómo tomó este desafío de actuar en un vodevil?

A.G.: Me siento muy contenida y hasta malcriada por todo el equipo. Piense que pasé veinte años de mi carrera trabajando muy sola. Me refiero al espectáculo, porque yo en realidad empecé a trabajar mucho antes, a los 13 años.


P.:
¿Como modelo?

A.G.: No, en negocios, comercios, en miles de lugares. Yo pisé la televisión a los 23 años y la primera comedia que hice en teatro fue una de Gerardo Sofovich. Recuerdo que él la tenía muy bien armada, pero no recuerdo haber tenido nunca una dirección cuerpo a cuerpo como ahora con Fernández de Rosa. Yo entiendo que cuando una chica irrumpe en la televisión, siempre la llaman para que haga el mismo papel que hace en la tele. Pero después de dos décadas de hacer de Yuyito en televisión, revistas, comedias ligeras y shows en vivo, me entusiasma que me hayan ofrecido un rol en serio, lo haga peor o mejor que otras actrices. Seguro que lo hago peor porque las actrices argentinas son buenísimas, pero estoy poniendo toda mi energía y la mejor onda.


P.:
¿Y si le volvieran a ofrecer lo que hacía antes?

A.G.: No sé si ahora me daría satisfacción volver a esa cosa de «Yuyito vení y hacé lo que quieras. No importa cómo, vení y hacelo». En cambio en esta comedia trabajamos con un detalle y un nivel de obsesión tremendos. Con esto no quiero decir que van a ver a Sarah Bernhardt, pero la obra está muy cuidada en todos sus detalles, desde la escenografía y vestuario hasta el tono de cada frase. No estoy habituada a tanto y en un punto me estoy mal acostumbrando.


P.:
¿Usted no estaba estudiando periodismo?

A.G.: ¡Sí, ya me recibí! Siempre me gustó el periodismo, la cosa de la entrevista y la comunicación. En un punto yo ya tuve mis experiencias como columnista de actualidad en «Las cortesanas» y en el programa de Chiche Gelblung.


P.:
¿Piensa insistir?

A.G.: Yo no me impongo metas a futuro, me voy guiando por mis ganas y mi creatividad. También soy un poco caradura, no tengo muchos prejuicios que digamos. Yo hice muchos años de bailanta, haciendo covers de los temas de Gilda y los hice durante años hasta que apareció la cumbia villera con la que no tengo ninguna onda. No quiero ponerme a juzgar, pero hay mensajes de la cumbia villera que no me cierran. Además eran canciones de varones, no me gustaban.


P.: ¿Nunca se sintió sapo de otro pozo en la bailanta?

A.G.: En aquella época se hacían temas de «Los auténticos decadentes», «Attaque 77» y cositas de rock muy copadas. Pero para eso tenés que ser un poquito inconsciente y disfrutar mucho del contacto con la gente. Que te vengan a besuquear toda con la cerveza en la boca y con todo el chiverío del baile no es para cualquiera. Te tiene que generar amor ese ambiente, no te puede generar rechazo. Yo disfrutaba mucho de esa euforia colectiva y nunca tuve un solo problema, en ninguno de los lugares donde me metí.


P.:
¿Qué la atrajo del show business?

A.G.:Yo quería ser famosa y cuando el 3 de mayo de 1983 debuté por fin en «La peluquería de Don Mateo» para mí fue un milagro. Soy una mujer de fe permanente y hasta lo más simple se lo pido a Dios. Con él tengo una conexión permanente desde que me levanto hasta que me acuesto. Así que me pasé todo el '82 viendo el programa por la tele y sintiendo una admiración absoluta por las chicas tan divinas que aparecían ahí. Para mí estar en ese lugar era el summun de la vida, la felicidad en un set de televisión. En enero del año siguiente viajé a Mar del Plata y fui a la Iglesia que está en la peatonal San Martín a pedir por eso. Después volví a Buenos Aires, me operé la nariz para verme mejor, y un jueves de abril me invitan unos conocidos a un estreno de Jorge Porcel y después a Fechoría, en donde me vio pasar Gerardo Sofovich. Lo demás ya es conocido, Gerardo me llama a su mesa y me ofrece debutar en «La peluquería...». Eso fue un martes ¡El miércoles no podía caminar por mi barrio!


P.:
Y desde entonces no paró.

A.G.: A las dos semanas me cambiaron el nombre, lo que me produjo un shock que me duró dos años. Pasar de ser Amalia Trombetta en mi casa a ser Yuyito González porque alguien lo decidió... Luché durante años para sacarme el Yuyito de encima. Nunca pude. Así que me resigné y empecé a considerarlo un regalo, un regalo que no podía rechazar.


Entrevista de Patricia Espinosa

Dejá tu comentario

Te puede interesar